lunes, 31 de mayo de 2010

¿No nos metas?

Llegamos a la última petición que Jesús incluye en el ejemplo o modelo de oración. Tal vez por ser la última tiene una importancia especial y debemos analizarla con mucho cuidado. Es además, la penúltima frase de este modelo de oración y es en sí, una petición para que Dios nos proteja de Satanás dice Jesús: “Y no nos metas en tentación mas líbranos del mal”.

¿Es necesario que los seguidores de Jesús hagamos este tipo de petición? ¿Es posible que Dios vaya a permitir que nos dejemos llevar por la tentación? Santiago 1.13 dice: “Cuando alguno se sienta tentado a hacer el mal, no piense que es Dios quien le tienta, porque Dios no siente la tentación de hacer el mal ni tienta a nadie para que lo haga”. Observe esto, el que habla es el medio hermano de Jesús y nos lo está diciendo por inspiración del Espíritu Santo. Pero si Dios no nos tienta, ¿por qué entonces vamos a orar pidiéndole: “No nos metas en tentación”? Déjeme decirle que estas palabras confunden hasta a los teólogos más profundos y a los más famosos intérpretes de la Biblia. Pero la profundidad de este asunto es muy simple, cuando nos acercamos a Dios considerándolo nuestro Padre. Tiene sentido y simplicidad, si consideramos que ya le hemos pedido a nuestro Padre el alimento para HOY, le hemos pedido que nos PERDONE el ayer y le pedimos PROTECCIÓN para el mañana.

Recuerdo el primer invierno que pasé en los Estados Unidos. Estaba viviendo con la familia de norteamericanos que “me habían adoptado”. En aquella ocasión, había estado nevando toda la noche y cuando me disponía a salir para mi trabajo, todos me advirtieron: “ten cuidado en la escalera”. Vivíamos en un “una casa móvil” (Mobile home). Sin embargo, estaba tan fascinado con el panorama que ofrecía la nieve que yo antes nunca había visto, que antes de que me pudiera dar cuenta, estaba en el suelo. El sonido de mi caída alertó a los que estaban en el interior que salieron a prestarme ayuda, para que me pudiera levantar. No se me ocurrió algo mejor que disculparme por mi torpeza y por no haber escuchado las advertencias que me habían hecho. Pero, interiormente comencé a sentir temor y deseaba decirles: “hey no me suelten”. “No dejen que me vuelva a caer”.

Nuestro amoroso Padre celestial siempre está deseoso de ayudarnos. Dice el salmo 37.23-24: “El Señor dirige los pasos del hombre y le pone en el camino que a Él le agrada; aun cuando caiga, no quedará caído, porque el Señor le tiene de la mano”. Considero que detrás de esta petición que Jesús nos enseña a hacer se encierra esa idea. Ese fue el mismo sentimiento que sentí, cuando me encontraba en el suelo con mi cuerpo adolorido y mi orgullo destrozado y no podía levantarme por mi mismo pues resbalaba y volvía a caer. Los resbalones que hemos dado en la vida también nos han enseñado que el camino es resbaloso y por eso quisiéramos aferrarnos a la mano de alguien para que nos ayudara a levantarnos y nos ayudara a caminar. En nuestro caminar por la vida, igualmente reconocemos que hemos caído una y otra vez y que no podemos levantarnos por nosotros mismos. Por eso debemos agarrarnos de la mano de nuestro Padre Celestial y decirle: “líbranos del mal”.

Leyendo este pasaje en el Nuevo Testamento en griego, la palabra que se traduce como meter es “eisphero” que literalmente significa meter dentro de algo. Y la palabra “peirasmos” es la que se traduce como examen, prueba o tentación en este pasaje. Según el diccionario la palabra tentación es: “una prueba que tiene el propósito de que la persona tropiece”. Para mí, aquella mañana del mes de noviembre, la blancura de la nieve que lo cubría todo y el azul limpio de un cielo sin una nube que brillaba bajo un sol naciente color naranja, fue el botón que disparó la tentación de mi “arrogancia” que me hizo caer de forma estrepitosa, lastimándome, sobre todo, mi “orgullo” al verme imposibilitado de levantarme por mi mismo, y sobre todo, escuchar las risas incontrolables de los que me habían advertido que tuviera el cuidado que no tuve. Era como el título del programa de televisión: “Solo duele cuando alguien se ríe”.

Considero que el problema de nuestros pecados sería suficientemente malo si solo tuviéramos que lidiar con nuestra falta de atención o desobediencia, pero cada día nos encargamos de cavar un poco más profundo el hoyo. Diariamente corremos el riego de hacer las cosas peores de lo que ya son. Pero nuestro Padre está atento para proporcionar lo que necesitamos para satisfacer nuestras necesidades. Él sabe cuando nuestras mentes están embotadas porque nuestras despensas están vacías. Él conoce cuando la amargura comienza a llenar nuestras vidas porque no hemos podido perdonar a los que nos han ofendido. No vivir como debemos, delante de Él, nos roba el gozo para adorarle y testificar. Tenemos mucho que perder al no obedecerle y no tenemos una salida a nuestra situación, a menos que Él nos ayude.

Considero que la mejor manera de darnos cuenta de la necesidad que tenemos de clamar constantemente: “no nos metas en tentación mas líbranos del mal”, es reconocer la imposibilidad que tenemos de vivir una vida de acuerdo a los propósitos de Dios, sin la ayuda de Él. La razón es bien simple: “el enemigo es superior y más poderoso que nosotros”. ¡Sus características no son humanas! El diablo fue capaz de revelarse contra Dios porque quería ser igual a Él. Aunque es un ser creado, es superior en atributos y poder a los seres humanos. Y como si esto no fuera suficiente, no podemos confiar en nosotros mismos para mantener nuestras vidas limpiar y agradables a Dios.

Santiago 1.13-14 dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Aunque la Biblia describe a Satanás como “el engañador”, “el padre de las mentiras” y “el tentador” entre otras cosas, según Santiago, no podemos culpar a nadie por nuestras tentaciones. La tentación proviene de nosotros mismos, de nuestra concupiscencia que lleva al pecado. Mientras vivamos en la tierra tendremos que luchar contra nuestro enemigo, contra el medio en el que nos desarrollamos, y contra nosotros mismos para permitir que Dios nos lleve a alcanzar la victoria.

Tenemos que establecer una línea que NO PODEMOS cruzar. Es el número de teléfono que te da la persona que conociste que puede llevarte a ser infiel en tu matrimonio, escúcheme bien: ¡NO LLAME! Evite la tentación. Es la relación que inició “chateando” y que va un poquito más allá de la simple amistad, entrando en asuntos privados... Es el cuento subido de tono que se hace en la oficina por alguien del otro sexo. Es la llamada telefónica que se recibe por equivocación… Y la lista de “oportunidades” sigue creciendo. Pero no se llame a engaños, el adversario, el enemigo ¡es más poderoso que nosotros! No basta con decir o repetir una frase aprendida de memoria. No valen ni existen formulas mágicas para luchar en su contra. No se sabe mucho de este “personaje”, pero lo que sabemos no es bueno. Déjeme retomar la idea y analizar un poco más al enemigo al que nos estamos enfrentando.

En las Escrituras se nos revela que Satanás era un ángel que había sido creado por Dios pero no se sentía contento con poder estar cerca de Dios. Él deseaba estar por encima de Dios. Lucifer no se sentía a gusto adorando a Dios, pues deseaba ocupar el trono de Dios. Según el profeta Ezequiel, tanto la belleza de Satanás como su maldad, no tenían paralelo entre todos los ángeles:
Dice en Ezequiel 28.12–15 “Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura; de cornerina, topacio, jaspe, crisólito, berilo y ónice; de zafiro, carbunclo, esmeralda y oro; los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad”. Los ángeles, al igual que los seres humanos, fueron creados para servir y adorar a Dios. Y los ángeles, al igual que los seres humanos, recibieron el libre albedrío. Esta es la única forma posible en la que podrían adorar. Ezequiel, al igual que Isaías, describe a un ángel que es más poderoso que cualquier ser humano, más hermoso que cualquiera otro ser creado, y a la vez, más necio que cualquier otro ser que haya sido creado por Dios. Su orgullo y arrogancia le llevaron a caer. La mayoría de los estudiosos de la Biblia y los teólogos ven en Isaías 14.13–15 la descripción de la caída de Lucifer: “Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo”.

Se percata que Satanás siempre habla en primera persona: “Subiré”;” levantaré”; “me sentaré”; “subiré” y “seré”. El diablo trató de ser como Dios y por eso cayó delante de Dios, pero desde la creación se ha pasado el tiempo tratando de convencer a los hombres para que hagan lo mismo. ¿Qué fue lo que Satanás le prometió a Eva en el Huerto del Edén? Veamos lo que dice en Génesis 3.5 “seréis como Dios”. El asunto no ha cambiado. Esta sigue siendo la estrategia del diablo. Sin embargo, Satanás era y es inferior a Dios. Todos los ángeles son inferiores a Dios. Dios es omnisciente, es decir, lo sabe todo, pero los ángeles solo conocen lo que Dios les revela. Dios es omnipresente, es decir, que puede estar en todas partes, pero los ángeles solo pueden estar en un lugar. Dios es omnipotente, es decir que lo puede todo. Los ángeles son tan poderosos como Dios les permite que sean. ¡Todos los ángeles, incluido Satanás, son inferiores a Dios! Pero el diablo no quiere ser inferior a Él. No tiene la intención de serlo. Nada le gustaría más que levantar su propio reino, pero no puede. Cada vez que trata de hacer propaganda a favor de su causa, a la larga termina promoviendo la causa de Dios.

Un día cuando se establezca el Reino de Dios, escaparemos incluso a la presencia del pecado, pero hasta que venga ese día, dependemos diariamente de Él, para poder escapar al poder del maligno. Es una pérdida de tiempo tratar de enfrentarse a las tentaciones contando con nuestras propias fuerzas; solamente Dios puede darnos las fuerzas que necesitamos para resistir. Cuando le pedimos a Dios que nos libre de la tentación, le estamos solicitando que nos aparte y no permita que estemos expuestos a esa situación que va a poner a prueba nuestra vulnerabilidad. Tenemos su promesa en su Palabra, dice en 1 Corintios 10.13: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. ¡Qué promesa! Dios ha medido la intensidad de las tentaciones y ha medido nuestra capacidad de resistencia. Ninguna tentación puede llevarnos a pecar, a menos que nosotros decidamos hacerlo. A pesar de que pecar es “MUY FÁCIL”, le podemos pedir a nuestro Padre que nos libre de caer en la tentación. Cada día debemos de orar pidiéndole a Dios que nos aleje de las situaciones comprometedoras que pueden ser: El “comentario inocente” que no es más que un chisme, la “curiosidad” en un sitio de la Internet, y cualquier otra cosa que nos pueda llevar a apartar nuestra vista del Reino. Durante el transcurso del día debemos insistir en oración, pidiéndole a Dios que nos dé las fuerzas que necesitamos para poder resistir, sobre todo, cuando nos sentimos agotados, frustrados, heridos, incomprendidos, cuando involuntariamente o voluntariamente, hacemos que se prendan y comiencen a parpadear las “luces de peligro” de nuestra conciencia, cuando estamos en el lugar indebido, rodeados por la gente inadecuada, bajo la influencia del motivo equivocado. Debemos de usar esa situación peligrosa para acercarnos más al Padre en oración. Cuando Jesús fue tentado, Él usó las Escrituras, lea un momento Mateo 4.1-11. Ese pasaje recoge uno de los momentos más dramáticos de la Biblia. El diablo se encontró con Jesús, cara a cara en el desierto. La maldad y la justicia frente a frente, luchando por obtener el control y el dominio. Déjeme tratar de exponer gráficamente este pasaje:

Primero: El diablo atacó a su cuerpo. Cuando Jesús se sentía físicamente debilitado y con hambre por el prolongado ayuno, el diablo lo tentó con el olor irresistible de un pan recién horneado. Muy agradable a la vista y con un olor que hacía que la boca se llenara de agua.
Segundo: El diablo atacó a su alma. Sube a lo alto del Templo, pues cuentas con una multitud de servidores listos para salir a realizar el milagro a los ojos de todos, para que reconocieran que era el Mesías que habría de venir. El diablo estaba atacando a su orgullo.
Tercero: El diablo atacó a su espíritu. El diablo le ofreció todos los reinos del mundo si se postraba y lo adoraba.

Sin embargo déjeme decirle algo, puede estar seguro que Satanás preferiría que no escuchara lo que le voy a decir. Él prefiere que la gente viva engañada, pensando que el diablo es una fuerza independiente y que tiene un poder ilimitado. Satanás no quiere que le mencione los muros que rodean a la Gran Casa de Dios. El diablo no puede escalarlos, no puede penetrarlos. Satanás no tiene más poder que el poder que Dios le permite tener. El no quisiera que usted pudiera escuchar las palabras del apóstol Juan en Juan 4.4: “Vosotros sois de Dios y habéis vencido a esos mentirosos, porque el que está en vosotros es más poderoso que el que está en los del mundo”. A la iglesia de Esmirna del primer siglo, Cristo le dijo: “No temas lo que has de sufrir. Para probarlos, el diablo arrojará a algunos de ustedes en la cárcel y los estará persiguiendo diez días. Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2.10, La Biblia al día). Cristo le dice a la iglesia que va a ser perseguida, le aclara el tiempo que va a durar la persecución (diez días), y expone la razón de la persecución (para ser probados) y les anticipa el resultado que va a producir la persecución (la corona de la vida). ¿Se percata que Jesús usa las peores armas de Satanás para fortalecer a su Iglesia? Dice la Palabra de Dios: "Vosotros no habéis pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y podéis confiar en Dios, que no os dejará sufrir pruebas más duras de lo que podáis soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios os dará también el modo de salir de ella, para que podáis soportarla". 1 Corintios 10.13 La Biblia al día.

¡Nunca vaya a olvidar que, Satanás no puede traspasar las paredes de la Gran Casa de Dios! ¿Le cuesta trabajo imaginar cómo su lucha podría terminar en algo bueno? ¿Le parece imposible y no puede concebir la forma en la que su enfermedad, deudas o la misma muerte pudieran ser un instrumento para lograr algo digno?

Déjeme añadir algo más para terminar por el día de hoy. Aunque no pretendo minimizar la lucha que usted pudiera estar librando, debo decirle que en realidad es un paseo si la compara con esta: El Mesías prometido, que no había conocido el pecado, tuvo que cargar el peso de todo el pecado de la humanidad, incluyendo sus pecados y los míos. El autor de la vida fue colocado en una cueva de muerte, al lado de un Monte con aspecto de calavera. Parecía que Satanás había ganado la batalla cuando las mujeres y los discípulos que observaban a distancia, se retiraron tristes del lugar porque se acercaba el día de reposo. Todo parecía indicar que finalmente el diablo se había salido con la suya logrando eliminar al Cristo. ¿Le había ganado la partida a Dios? Anteriormente, a Satanás siempre le había salido el tiro por la culata, con todos los que él había tratado de poner de su parte para lograr sus planes, desde Sara hasta Pedro. Pero esta vez, había logrado al fin, que todo saliera bien. ¡Todo el mundo lo había visto! Ya la gente se había retirado del calvario, y por todas partes la gente no hacia más que hablar de cómo Jesús de Nazaret había sido crucificado y había muerto. Ya el diablo podía comenzar la fiesta para celebrar su triunfo. Orgulloso y egoísta comenzaría con fuegos artificiales, sí, luces de todos los colores que iluminaran el oscuro cielo, para que todos pudieran ver que finalmente él había vencido sobre el Santo de Israel.

Pero sin que el diablo se lo esperara, de repente el oscuro y tenebroso sepulcro se iluminó, y retumbó la roca con el estruendo de un trueno de triunfo; entonces de lo que había sido una tragedia el viernes apareció el victorioso Salvador del domingo, y hasta Satanás se dio cuenta que se habían burlado de él. ¡El diablo había hecho el ridículo! Se había pasado todo el tiempo pensando que había logrado derrotar al cielo y en realidad lo que había hecho era ayudar a consumar el plan que Dios había elaborado desde el principio. Dios quería mostrar su poder sobre el pecado y la muerte, y eso fue exactamente lo que hizo. Jesús resultó vencedor y Satanás quedó en ridículo y derrotado. ¡El poder del diablo, no es semejante al de Dios! Y Dios también hoy nos ofrece a nosotros, sus hijos, la victoria sobre el maligno. Solos no podemos, somos inferiores a Satanás, pero con Jesucristo y con el poder de su Santo Espíritu, podemos ser más que vencederos.
Dios hoy nos ofrece:
Atender a nuestro pasado: Nos ofrece el perdón de TODOS nuestros pecados del pasado.
Atender a nuestro presente: Suplir nuestras necesidades diarias.
Atender a nuestro futuro: Librarnos de cada tentación que se nos presente en el futuro.

Podemos vivir sin preocupaciones, porque nuestro Padre celestial ha provisto para cubrir todas nuestras necesidades. ¡Dios es la respuesta a todo lo que el hombre pueda necesitar!

Señor, enséñanos a orar…

1 comentario:

  1. Gracias hermano por este estudio. Me habia preocupado que no hubiera estudio nuevo para esta semana. Dios le bendiga y siga adelante que somos muchos los que estamos estudiando la Biblia con usted.

    Virginia Llorente
    Malaga

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Le agradezco mucho su comentario.
Oscar