sábado, 3 de julio de 2010

Oraciones de alabanza

La palabra “alabanza” es un término muy usado, y como casi siempre sucede, del uso se pasa al abuso y del exceso de uso, por lo general, se pierde el sentido de lo que significa una cosa. Generalmente a este fenómeno se le llama: “vaciarse de contenido semántico”, y en cierta medida tal vez esto es lo que está sucediendo con esta palabra.
Pretendo hacer un breve análisis de esta palabra en su contexto bíblico. La palabra hebrea hillel הלל)) se traduce como alabanza y con el sentido de expresar o reconocer las virtudes de otra persona. La primera vez que encontramos a esta palabra usada en la Biblia es en Génesis 12.15, cuando los príncipes de Faraón vieron la belleza de Sara “la alabaron delante de él”. Veamos este pasaje: “También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón”. En 2 Samuel 14.25 dice: Y no había en todo Israel ninguno tan alabado por su hermosura como Absalón; desde la planta de su pie hasta su coronilla no había en él defecto.
En el libro de Proverbios 27.2 dice: “Alábete el extraño y no tu propia boca”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Existía en ese tiempo el mismo problema de hoy? No quiero hacer estereotipos, pero tal vez usted conozca a alguien que tiene este problema. Incluso pudiera conocerlo muy bien… ¡Demasiado bien! Simplemente, este es un llamado de alerta, una advertencia, en contra de los que gustan alabarse a sí mismos, de los que aman “llenarse la boca” para contar sus hazañas. Observe que dice que el que nos debe “alabar” es el EXTRAÑO” aquel que no lo hace por amistad o “pena”.
Y todo eso, ¿qué tiene que ver con Dios? Es muy sencillo, alabar a Dios es el acto de reconocer, proclamar, y bendecir sus virtudes, belleza, grandes y gloria. Y no solo las de Él, sino también las de las obras que hace. El simple hecho de ser nuestro Dios, hace que sea natural que lo alabemos. Leamos lo que dice la Biblia en Éxodo 15.2: “Jehová es mi fortaleza y mi cántico, Y ha sido mi salvación. Este es mi Dios, y lo alabaré; Dios de mi padre, y lo enalteceré”.
El profeta Isaías, bajo la inspiración divina, va mucho más lejos y declara en Isaías 43.21: “Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará”. Lo cual dice claramente que el pueblo de Dios tiene que publicar las alabanzas a Dios, ese es su propósito. Tanto el del pueblo de Israel, como el de nosotros, como parte del pueblo de Dios, de la Israel espiritual.
En 1 Crónicas 16.35 se hace una declaración de extrema importancia en relación con la alabanza a Dios. Dice así la escritura: Y decid: Sálvanos, oh Dios, salvación nuestra; Recógenos, y líbranos de las naciones, Para que confesemos tu santo nombre, Y nos gloriemos en tus alabanzas”. Por lo que vemos que las alabanzas salen de un corazón gozoso. Si de su boca no salen alabanzas a su Padre Celestial, es porque no hay gozo en su corazón, es porque la raíces de amargura han minado su alma.

Considero que el libro de los Salmos pudiéramos llamarlo el libro de “alabanzas” por excelencia. Leyendo los Salmos podemos aprender algunas cosas relacionadas con la alabanza. Por ejemplo leemos en Salmos 18.3: “Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos”. Esta es una reafirmación de lo que hemos estado planteando, que Jehová merece que lo alabemos. En el Salmo 147.1 se nos explica una característica de las alabanzas a Dios. Dice el salmista: “Alabad a JAH, Porque es bueno cantar salmos a nuestro Dios; Porque suave y hermosa es la alabanza”. De manera que además de que es bueno alabar a Dios, la alabanza a Él es suave y hermosa…
Piense ahora en el Tabernáculo del desierto. Recuerde que la “presencia de Dios estaba presente y mientras el pueblo anduvo por el desierto esa presencia se manifestaba como una columna de nubes durante el día y una columna de fuego por la noche. Refiriéndose a esta “presencia de Dios” dice el salmista en los Salmos, 95.2: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos”. Es decir, que al acercarnos a la Santa Presencia de Dios, debemos de hacerlo con alabanzas. ¿Simple, no es así? ¿Cuántas veces cuando usted comienza a orar se acerca a Dios alabando su Nombre? Esta misma idea se presenta en otros Salmos, veamos algunos de ellos. Salmos 100.4 dice: Entrad por sus puertas con acción de gracias,Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre”; y el Salmo 145.3 dice: “Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable”.
Siempre me han llamado mucho la atención las palabras del Salmo 22.3: “Pero tú eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel”. Para nosotros como seres humanos, tal vez nos resulte difícil comprender el alcance e importancia que tienen para Dios nuestras alabanzas a Él. La idea que se me acerca más a este concepto es la enseñanza que me daban mis padres cuando era niño y me decían siempre que “tenía que ser agradecido”. Las alabanzas a Dios, son sin dudas, una forma de expresarle a Él nuestro reconocimiento y agradecimiento.
Hay sin lugar a dudas, muchas razones por las cuales debemos alabar a Dios. Veamos algunas que nos señalan algunos Salmos.
Debemos alabar a Dios por su justicia. Salmo 7.17: “Alabaré a Jehová conforme a su justicia, Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo”.
Debemos alabar a Dios por su poder, Salmo 21.13: “Engrandécete, oh Jehová, en tu poder; Cantaremos y alabaremos tu poderío”. Debemos alabar a Dios por su palabra, Salmo 56.4: “En Dios alabaré su palabra; En Dios he confiado; no temeré; Qué puede hacerme el hombre?”
Debemos alabar a Dios por su misericordia, Salmo 63.3: “Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán”. Y Salmos 107.8: “Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres”.
Debemos alabar a Dios por su santidad, Salmo 97.12: “Alegraos, justos, en Jehová, Y alabad la memoria de su santidad”.
Debemos alabar a Dios por su bondad, Salmo 100.4b-5a: “Alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno”. Y el Salmo 106.1: “Aleluya. Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia”. Debemos alabar a Dios por la grandeza de su nombre Salmo 138.1–2: “Te alabaré con todo mi corazón; Delante de los dioses te cantaré salmos. Me postraré hacia tu santo templo, Y alabaré tu nombre por tu misericordia y tu fidelidad; Porque has engrandecido tu nombre, y tu palabra sobre todas las cosas”.
Debemos alabar a Dios por su salvación Salmo 27.6: Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; Cantaré y entonaré alabanzas a Jehová”. Y el Salmo 40.3 dice: “Puso luego en mi boca cántico nuevo, alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en Jehová”. Y en el Salmo 142.7 señala: “Saca mi alma de la cárcel, para que alabe tu nombre; Me rodearán los justos, Porque tú me serás propicio”.
Debemos alabar a Dios por sus respuestas a nuestras oraciones, Salmo 118.21: “Te alabaré porque me has oído, Y me fuiste por salvación”.
Debemos alabar a Dios por su creación Salmo 96.5–6: “Porque todos los dioses de los pueblos son ídolos; Pero Jehová hizo los cielos. Alabanza y magnificencia delante de él; Poder y gloria en su santuario”.
La semana próxima, estudiaremos las oraciones de alabanza en el Nuevo Testamento…

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Oscar