martes, 14 de febrero de 2012

¿Cuál es el verdadero sentido del servicio Cristiano?

Hace unos días recibí un mensaje electrónico de alguien que no conozco y que específicamente me preguntaba si yo era el hijo de mi padre y si había vivido en la ciudad que yo nací. Supongo que usted, al igual que yo, recibe con reservas aquellos mensajes que logran llegar hasta usted, a pesar de los bloqueadores de spam y los filtros que usamos en Internet, y cuya procedencia ignora. Y así fue como respondí a aquel mensaje. Todos los días, literalmente, recibo decenas de correos electrónicos los que atiendo personalmente. En este caso, tres o cuatro días más tarde, recibí otro mensaje de la misma persona que se identificó como un pastor actual en la tierra que me vio nacer y que solo quería contarme una anécdota que él había vivido con mi padre y que quería que yo conociera.

Este hermano me contó que cuando estudiaba en el seminario, siguiendo la costumbre que existe en ese país, lo enviaron a trabajar, para ganar experiencia, a la iglesia en la que mi padre era diácono, a fin de que el pastor le sirviera como mentor. El pastor de aquella iglesia era un joven brillante, con mucho futuro, que había sido llamado a pastorear una de las iglesias más grandes y solidas del país, y había además alcanzado posiciones de liderazgo destacadas en la Convención Nacional. Lamentablemente, el diablo logró inflar el orgullo y la arrogancia de este joven que termino saliendo expulsado de la Convención.

Tuve que contar esa fea historia, para que haga sentido la historia del seminarista, que según me contó, cuando se presentó al pastor y le explicó el motivo de su presencia, este le dijo: "Mira lo primero que tienes que hacer es salir a visitar a esta gente que hace mucho tiempo que no viene a la iglesia". Entregándole una larga lista de nombres y direcciones. Entonces el seminarista le preguntó si tenía algún mapa de la ciudad, que tiene unos 750,000 habitantes, o algún medio de transportación, tal vez una bicicleta o algo. La respuesta que no se esperaba fue: "Inventa que ese es tu problema".

Cuenta el ex seminarista que salió de la oficina del pastor frustrado, apenado, confundido y enfadado. ¿Qué podría hacer? Cuenta que en esas condiciones se encontró con mi padre, que le preguntó qué pasaba. Al explicarle él los motivos de su confusión, mi padre le dijo: "No te preocupes muchacho, eso es 'pan comido'". Me cuenta este pastor que a partir de entonces mi padre se convirtió en su ayudador, y que se ofreció para mostrarle la ciudad, enseñarle a andar en ella y en muchas ocasiones lo acompañó a hacer las visitas, introduciéndolo a muchos miembros de la iglesia.

Han pasado muchos años, mi padre está en la presencia del Señor, y aquel joven, es ahora el pastor de una iglesia creciente en una importante ciudad de aquel país. Mi padre tenía el don de servicio y lo usaba a plena capacidad. Él siempre entendió y puso en práctica el principio de que todos en la iglesia son importantes. ¿Qué hubiera sucedido si mi padre no hubiera ayudado aquel día a ese joven? ¡Solo Dios lo sabe! Mi padre simplemente hizo lo que sabía que debía hacer.
En Romanos 12.6-8 dice el apóstol Pablo:
6 De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
7 o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
8 el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.

Pablo explica aquí el concepto de la gracia dada a los cristianos de Roma por medio de los dones del Espíritu Santo y comienza la explicación de esta forma: De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada por Dios. La palabra “dones” conlleva la idea de algo especial que Dios concede u otorga al creyente. Los dones de los que habla Pablo se deben usar en el servicio a Cristo y a la iglesia en general. Al escribir a los cristianos de Corinto acerca de los dones espirituales, Pablo aclaró que era por medio del Espíritu Santo que se activaban los diversos dones espirituales en los creyentes para la edificación de la iglesia (1 Corintios 12.4-11).

Pablo declara que Dios le confió a cada uno de los creyentes, por lo menos, un don espiritual; y que no excluye a ninguno de los creyentes a los que les escribía en esa ocasión, con lo cual, se implica, que Dios no excluye a ningún creyente en general. Los dones pueden variar en una persona, de acuerdo al propósito de Dios para esa persona en ese momento. La diversidad de los dones dados se basa en la misma “gracia que nos es dada”. Así que, cada don que ha recibido un creyente, es el resultado de la gracia de Dios, y no su empeño o deseo. Es parte de la riqueza divina derramada sobre la iglesia.

Pablo menciona aquí siete dones diferentes, cada uno con su uso correcto en la iglesia. Déjeme aclarar que en la Biblia no se ofrece una definición, por así decirlo, de los dones espirituales, ni tampoco una lista exhaustiva de los mismos. Los eruditos bíblicos no están de acuerdo y diversas listas de dones espirituales. Aquí Pablo menciona el don de profecía, el cual no significa, necesariamente, predicción. Los profetas bíblicos predijeron el futuro, pero en ese momento no había venido el Espíritu Santo ni había entregado algún don a los creyentes, por lo que los eruditos debaten y argumentan que en ese entonces, ese no era un don espiritual.

El don de profecía es entendido hoy como el don de proclamación, es decir, de pregonar la verdad de Dios. Junto con los dones dados a quienes servían como apóstoles, evangelistas, pastores y maestros (Efesios 4.11-12). Esta era una ayuda para preparar el cuerpo de Cristo para ministrar y cumplir su misión en el mundo.

La profecía tiene una característica singular, trata situaciones específicas o momentos en los que el pueblo de Dios necesita el mensaje de Dios. El don de la profecía está sujeto al escrutinio de los demás (1 Corintios 14.29-32). Se debe ejercer conforme a la medida de la fe de la persona que lo ejerce. Esta expresión señala las verdades básicas de la fe cristiana. Por lo tanto, los profetas deben profetizar de acuerdo a la medida que se presenta en la Palabra de Dios.

Mañana hablaremos, Dios mediante, de los demás dones mencionados por Pablo…

lunes, 13 de febrero de 2012

¿Un cuerpo en Cristo?

Romanos 12: 4-5
Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.

Siempre me ha llamado la atención que el apóstol Pablo dice que siendo muchos miembros somos un solo cuerpo y que no señale que el corazón o los pulmones son los órganos más importantes. Recuerdo los días cuando en mi iglesia en Albuquerque, cuyo templo tenía más de treinta años de construido, después de un invierno muy benigno, tuvimos una primavera y un verano colmado de cuantos insectos uno pudiera imaginar que existían. Los servicios de fumigación tenían que venir cada dos semanas, pero esto generaba una nueva situación: ¿Qué hacer con los cadáveres de los insectos muertos?

Resultaba muy desagradable entrar por la mañana y tropezar con las cucarachas, grillos y cuanto insecto existe con las patas hacia arriba. ¿Se imagina llegar al templo un domingo en la mañana y encontrar ese espectáculo? De manera que a un hermano, con el don de servicio, se le ocurrió la idea de organizar lo que llamamos: "Las patrullas de rescate". Los que formaron parte de aquel grupo tenían dos tareas esenciales: Primero, llegar antes que cualquier otra persona al templo los días en los que había servicios, que por lo general eran todos los días menos el viernes, y recoger y echar en la basura los "cadáveres de insectos".

¿Simple verdad? ¡Pero muy necesario! Eso era tan importante como tener una buena oferta musical el domingo y los que predicábamos tener preparado un mensaje bíblico. Nadie alguna vez ni siquiera pensó que las personas que integraban la "Patrulla de rescate" fueran inferiores o poco importantes.

Pablo retoma aquí las imágenes que les presentó a los corintios: la iglesia como el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12). Pablo hace una descripción doble. Primero, declara que en un cuerpo, lo cual ASUME que TIENE que existir UNIDAD dentro del cuerpo de creyentes, tenemos muchos miembros o partes distintas, cada una de las cuales realiza una tarea y tiene un propósito. Realmente, la unidad de los distintos miembros era muy importante para Pablo, y lo es para nosotros también hoy.

El cuerpo humano es la ilustración que aquí se elige porque opera armoniosamente como una unidad, con todas sus partes contribuyendo a la salud y el funcionamiento del cuerpo. ¿Cuán diferentes son las partes entre sí? Compare el corazón, los pulmones y el hígado que están dentro del cuerpo (y que en cada cuerpo difieren notablemente entre sí) con las extremidades, los ojos, las orejas, la nariz, las manos y los pies, que son claramente visibles por fuera (y cada una de los cuales también es diferente y única en cada cuerpo).

Así que muchos miembros diferentes componen un mismo cuerpo que es la iglesia. Pablo también señala que no todos los miembros tienen la misma función. Lo que el apóstol deseaba destacar era que la diversidad, cuidadosamente organizada, permite que un cuerpo exista y funcione. Así que, esta diversidad es un beneficio y no un obstáculo a superar. Sin la diversidad que Dios ha unido tan ricamente en la iglesia, no habría cuerpo de Cristo, sino un tipo de mutación deformada. Sin embargo, Pablo escribe que somos un cuerpo en Cristo. El apóstol bajo la inspiración del Espíritu Santo pudo haber usado otra ilustración, pero esta es simplemente genial. Hay ocasiones en las que nos duele un dedo, PERO A NADIE se le ocurre cortárselo para resolver el problema. ¿Entonces por qué algunos quieren aplicar este principio en la iglesia? ¿Es más fácil irse a otra parte que tratar de trabajar en paz y armonía con los demás? ¿Es más fácil irse cuando alguien nos señala nuestros errores que están dañando al resto del cuerpo de Cristo que esforzarse por cambiar? Nadie piensa en cortarse la cabeza cuando esta le duele. Debemos pensar con profundidad en la analogía que usó Pablo con el cuerpo humano para describir la función de los miembros en la iglesia.

Para enfatizar ante los corintios la unidad hecha posible por la diversidad existente entre las partes del cuerpo (1 Corintios 12.12-18), Pablo los animó a funcionar como uno. También lo hizo cuando escribió su carta a los romanos. La UNIDAD cristiana en Roma y, naturalmente, en cualquier otra parte, estaba y está basada en todo lo que Dios ha hecho por los creyentes en Cristo. Los observadores externos pueden ver la “iglesia” como un grupo que se reúne los domingos por la mañana, y los miércoles por la noche. ¡Pero las veces que nos reunimos, y los días que lo hacemos, no definen a la iglesia!

De hecho, los creyentes pueden reunirse por muchas razones y en diferentes tiempos y lugares. Dicho en pocas palabras: la iglesia es más grande que cualquier edificio o grupo. Es la totalidad del cuerpo de Cristo en todo el mundo que se reúne en muchos lugares y en muchos tiempos. Localmente, somos una pequeña parte del cuadro general, un plan que Dios está cumpliendo por medio de su Espíritu Santo y por medio de los creyentes que colaboran en todo el mundo.

A menudo nos gusta pensar en cumplir grandes empresas, pero gran parte del trabajo de la iglesia se compone de pequeñas tareas en numerosos lugares. Si colaboramos y trabajamos juntos, todas esas pequeñas tareas se suman para hacer una gran diferencia.

viernes, 10 de febrero de 2012

¿Qué concepto debes tener?

Romanos 12.3
Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.

La epístola de Pablo a los romanos es, sin duda, una obra maestra tanto de literatura como de teología. En esta carta se presenta lo que pudiéramos considerar como la esencia del evangelio de una manera más clara que probablemente en cualquier otro lugar del Nuevo Testamento.

Debemos tener presente que Roma era la ciudad cosmopolita según la cual se juzgaba a todas las demás ciudades del mundo grecorromano del primer siglo. Se levantaban en ella cientos de templos dedicados a varios dioses y como dominando el escenario de la antigua Roma se levantaba el popular Circo Máximo, que hoy día es una de la ruinas mejor preservadas, —en donde se realizaban carreras de carros, combates entre gladiadores y otras muchas formas espectaculares de entretenimientos— la ciudad era todo un derroche del esplendor del antiguo Imperio y la disipación de los privilegiados.

Pero incluso en esta grande y compleja ciudad, en medio de tiempos convulsos y de grandes cambios y ajustes, Dios llamó a mucha gente para sí mismo con el fin de extender la obra de su Reino. Estos cristianos romanos formaron la incipiente e influyente iglesia que Dios estableció en una ciudad que estaba entenebrecida por el pecado. Judíos y gentiles por igual formaban parte de esta iglesia, era una combinación única de personas que estaba dedicadas a Dios y representaban de una manera singular los pactos antiguo y nuevo.

Naturalmente que todos ellos llegaron a Dios por medio del Nuevo Pacto que establecía la fe en Cristo como el único camino posible para alcanzar la salvación. Fue a esos cristianos precisamente a los que el apóstol Pablo les escribió lo que ahora conocemos como la "Epístola a los Romanos" para fortalecerlos en su fe y “para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí” (Romanos 1.11-12).

Pablo relaciona Romanos 12.3-5 con los vv. 1-2 por medio de las palabras: Digo, pues, por la gracia que me es dada. La exhortación que Pablo estaba presentando a los cristianos romanos, brotaba de las instancias concretas en la que ellos permitirían que el Espíritu Santo transformara sus mentes y sus vidas (vea Romanos12.2). Era por ese favor inmerecido que había recibido, la gracia que se le dio a Pablo, que él apelaba a los cristianos romanos.

Pablo ordena que cada cristiano no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener. ¿Se da cuenta de que este es un problema que se sigue presentando en la actualidad en muchas congregaciones? ¿Por qué piensa que una persona critica o hace campaña en contra de un maestro de la Escuela Dominical? Muchas veces, lamentablemente, es porque desea tener ese cargo para sí o para algún familiar o amigo. ¿Qué la persona que aspira no está preparada? Bueno, más y más en estos turbulentos días parece que eso no es problema. Ya son muchos los que creen y practican la idea de que como van a "hablar de Dios, Él les dirá lo que tienen que decir". Pienso, con toda honestidad, que dios no actúa de esa manera. Él premia nuestro esfuerzo y nos bendice abriendo nuestro entendimiento, pero señores, HAY QUE ESTUDIAR Y PREPARARSE. Los conocimientos, incluyendo los bíblicos, no caen como el maná del cielo. El estudio regular y metódico de la Biblia es indispensable y es una parte muy importante.

Déjeme detenerme aquí un segundo, pues esta es otra VERDAD A MEDIAS. Es verdad que si Dios llama a un ministerio, cualquiera que este sea, Él capacitará para que se realice. El problema es que muchas veces DIOS NO HA LLAMADO, y es la persona la que quiere hacer algo porque "LE GUSTA".

Lo que hace básicamente Pablo es indicarles a los creyentes que se vean a sí mismos de una manera honesta y realista. Quitándose la máscara que puede engañar a los demás, pero no a Dios ni a ellos mismos. Ahora, déjeme aclarar que esta clase de introspección solo puede realizarse cuando uno tiene una mente renovada por el Espíritu Santo.

El creyente debe pensar de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. En este caso, la palabra “medida” conlleva la idea de una marca o un metro por el cual se puede determinar un atributo como el largo o la altura. Esa medida es la fe, en el sentido del elemento cristiano básico; la fe salvadora que Dios nos ha dado. Esto incluye reconocer que no somos dignos de la salvación, y que somos completamente incapaces de obtenerla por nuestros propios medios. NO HAY ALGO que un ser humano pueda hacer que le dé méritos suficientes para obtener la salvación.

Pablo deseaba que cada persona se juzgara a sí misma con la "medida de la fe" que Dios nos dio inmerecidamente. Quería que los cristianos romanos pudieran verse de manera sana y con cordura, con una mente renovada y llena del Espíritu Santo. Cuando nos medimos a nosotros mismos o a los demás con medidas humanas, comparándonos a nosotros con ellos, mostramos falta de sensibilidad e inmadurez espiritual. Al medirnos así, sacamos la mirada de la verdadera medida de la grandeza: la medida máxima, Jesucristo mismo. Con respecto a Él es que debemos de tratar de establecer nuestro punto de comparación.

jueves, 9 de febrero de 2012

No se trata de ser importante

Como pastor de una nueva iglesia que había comenzado como resultado de ministrar a las necesidades espirituales y materiales de los familiares de algunos de los presos hispanos que se encontraban detenidos en el Bernalillo County Detention Center de la ciudad de Albuquerque en el estado de New Mexico; tuve el honroso privilegio de ver a muchas personas servir dentro del cuerpo de Cristo, sin complejos, sin deseos de sobresalir, sin luchar por alcanzar posiciones de liderazgo, sin poner traspiés a otros lideres para ocupar su lugar. Estas y otras muchas cosas que vemos hoy día con dolor en muchas congregaciones no estaban presentes.

En aquellos días, el pastor principal de la iglesia americana de la cual yo era miembro y que fue la que nos animó a comenzar el ministerio hispano, y el grupo de liderazgo analizamos muchas veces cuál era la razón para que pudiéramos disfrutar de aquella bendición. El servicio a Dios, a nuestra iglesia y a la comunidad ocupaban un lugar importante en nuestro ministerio, aunque esta era solo una parte.

Los martes en la noche, un grupo nos reuníamos a orar y luego salíamos a visitar a una o dos familias que estuvieran atravesando por problemas. Comenzamos así a visitar a algunos de los familiares de los presos hispanos que conocíamos cada semana en el estudio bíblico que realizábamos tres veces por semana en la cárcel y que nos pedían que visitáramos a su familia. Muchos eran pobres, ¡muy pobres! Había personas instruidas y otras sin alguna educación. Todos tenían algunas cosas en común: Eran inmigrantes, tenían a un familiar querido en prisión, y querían conocer esta nueva esperanza de la cual le hablaban sus familiares que no tenían libertad.

De manera que cuando llegaban a nuestra iglesia querían servir a la iglesia y a otros hispanos. Muchas de las tareas que realizaban no eran espectaculares, ni impresionantes ni acaparaban las alabanzas ni el reconocimiento de otras personas. Era una expresión del agradecimiento que sentían por haber conocido a su Salvador.
Desde el principio nos esforzamos mucho en enseñarles que el servicio que ellos prestaban al cuerpo de Cristo no era menos necesario ni importante que el mío.

Creerme superior a ellos hubiera sido un error muy grave. Algunos de los nombres de aquellas personas escapan a mi mente pues han pasado muchos años, pero el gozo en mi corazón se mantiene igual que entonces cada vez que recuerdo aquellos tiempos y elevo una oración de gratitud a Dios por aquella oportunidad que me permitió vivir y por aquellos que sirvieron conmigo en aquel ministerio.

Puedo decir, sin duda alguna, que muchas personas cuyos nombres quizá nunca sean conocidos, pero que sirvieron por amor sincero a Jesucristo, fueron las que sostuvieron e hicieron posible el surgimiento del ministerio hispano en Girard Baptist Church en Albuquerque. Es un gozo ver a los santos sirviendo a Dios por el gozo de ser parte de su reino.

Es lamentable que nuestra sociedad haya malentendido por completo lo que la Biblia enseña acerca del servicio en el reino de Dios. Cristo mismo dijo que no había venido a ser servido, sino a servir y “para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20.28). Al parecer, el servicio ha sufrido un duro golpe. ¿Quién quiere ser un siervo en la iglesia? Pablo les indica a los cristianos de Roma que quienes están llenos del celo y del fuego de su amor estarán deseosos de poner en acción sus dones espirituales. Poseer los dones que da el Espíritu Santo tiene implicaciones muy prácticas para el creyente. Cuando usamos nuestros dones en la iglesia, trabajamos para el bien común del cuerpo de creyentes. La grandeza en la vida cristiana se hace evidente cuando los que hemos sido dotados de poder por el Espíritu Santo servimos al cuerpo con actitudes humildes y desinteresadas.

No es asunto de ver quién es el mayor, ni el más importante. Es asunto de ver quién sirve mejor.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Juntos es mejor

Juntos es mejor.
Eclesiastés 4:10

Mi papá acostumbraba a decir: "Es mejor andar solo que mal acompañado". La lucha contra el deseo de hacer las cosas por uno mismo en ocasiones es fuerte. Es verdad que nos sentimos frustrados cuando invertimos todo nuestro tiempo en labores relacionadas con la iglesia y el ministerio y vemos personas a las cuales le encargamos una pequeña tarea que no cumple y que siempre tiene una justificación o una mentira para justificar por qué no hace algo.

El asunto es que Dios en su Omnisciencia nos repartió dones espirituales a cada uno, para que funcionáramos como un cuerpo en armonía y colaboración. ¿Ha pensado alguna vez que sus pies no actúan independientemente de su voluntad? Ni sus manos, ni sus orejas, ni sus ojos. Lo mismo es cuando se trata del Cuerpo de Cristo, la Iglesia.
Yo tuve la inclinación a hacer las cosas por mí mismo, por muchos años. Pienso que el crisol que Dios uso para refinarme y quitarme esa mala costumbre fue el tiempo que fui pastor en la ciudad de Albuquerque en el ministerio Hispano de Girard Baptist Church. Dios bendijo y multiplicó aquel ministerio con mucha rapidez.

Carecíamos de líderes y no teníamos tiempo de formar todos los que necesitábamos. De manera que esto era un reto constante. En nuestra iglesia se seguía el principio de usar voluntarios para todo. El personal pagado se reducía a los dos pastores.
La celebración del segundo aniversario de la organización del ministerio Hispano nos dio la oportunidad de tener una gran participación de voluntarios para que todos usaran sus dones espirituales, tanto los miembros de la congregación hispana como los de la anglosajona trabajamos juntos para celebrar un gran evento para la comunidad.

Se levantaron carpas en los jardines y las áreas de estacionamiento, reservando solo una pequeña para visitantes. Se decoró el exterior de la iglesia con bandera de colores. Se invitó a todo el vecindario y a los estudiantes de la universidad cercana. Se preparo comida para más de cuatrocientas personas. Se entrenaron personas para servir las mesas, limpiar, recoger basura, agasajar a los huéspedes, distribuir literatura cristiana, tomar datos de los asistentes, mantener el suministro constante de alimentos, cocinar, calentar y seguir cocinando. Músicos que tocaron, cantantes que cantaron, cuidado de niños, atención a ancianos, organización del estacionamiento, cuidado de los autos estacionados con permiso en las calles alrededor del edificio de la iglesia.

Fue una enorme celebración con una multitudinaria participación de casi todos los miembros de la iglesia usando aquellos dones especiales que Dios les había dado. El Nombre de Dios fue glorificado, muchas personas pidieron recibir a Cristo como Señor y Salvador y la comunidad fue estremecida por algo nunca antes visto en aquella barriada. Dos semanas más tarde, todavía el periódico local seguía hablando de aquella celebración.

Han pasado muchos años, pero el principio sigue vigente y en mi memoria, aquella mañana de domingo sigue tan viva que me parece que fue ayer. Muchos ministerios se han establecido con miembros de aquel grupo y todos reafirmamos el principio bíblico de que el Cuerpo de Cristo, para que este saludable, tiene que usar a todos sus miembros con los dones que Dios les ha dado.

martes, 7 de febrero de 2012

¿CUANDO DEBES IRTE DE TU IGLESIA?

¿Cuándo debes irte de tu iglesia?

Por JOHN MACARTHUR. (Usado con permiso)

"Dejar una iglesia no es algo que se debe hacer a la ligera. Mucha gente abandona su iglesia por asuntos que no tienen importancia. Dejar una iglesia en donde se predica una doctrina sana, debido a desacuerdos por asuntos simples de preferencia, no es una buena razón para dejar a dicha iglesia.

A los cristianos se les manda a respetar, honrar, y obedecer a aquellos a quienes Dios ha puesto en posiciones de liderazgo en la iglesia (He. 13:7, 17). Sin embargo, hay ocasiones en las que es necesario salir de una iglesia por causa de la conciencia de uno o por la obligación de obedecer a Dios y no a los hombres.

Ciertas circunstancias incluyen: Si desde el púlpito o en estudios bíblicos se están enseñando herejías en relación con una creencia o doctrina fundamental (Gá. 1:7-9.

Si los líderes de la iglesia toleran la enseñanza de una doctrina con errores, o de verdades bíblicas fundamentales por parte de cualquier persona a quien se le haya dado la autoridad para enseñar (Ro. 16:17).

Si la iglesia es conocida por un menosprecio descarado de las Escrituras, entre los que se destaque negar la disciplina de miembros que están en pecado abierto (1 Co. 5:1-7).

Si una vida impía es tolerada en la iglesia (1 Co. 5:9-11).
Si la iglesia está lejos del patrón bíblico que debe seguir una iglesia(2 Ts. 3:6,14).

Si la iglesia se caracteriza por la hipocresía, afirmando de labios para afuera el cristianismo bíblico pero rehusándose a reconocer su poder verdadero (2 Ti. 3:5).

Esta lista no tiene la intención de sugerir que estas son las únicas circunstancias bajo las cuales es aconsejable que la gente deje una iglesia y se una a otra que siga los principios bíblicos.

Ciertamente no tiene nada de malo cambiar la membrecía de uno, solo porque otra iglesia ofrece una mejor enseñanza o más oportunidades para el crecimiento y oportunidades para servir.

Pero aquellos que transfieren su membrecía por dichas razones, deben ser sumamente cuidadosos en no sembrar discordia o división en la iglesia que están dejando.

Tal vez lo más importante a tener en cuenta con respecto a este asunto es que estos cambios deben ser hechos solo en casos extremos. La membrecía en una iglesia es un compromiso que debe tomarse seriamente. En verdade nunca vamios a encontrar la "Iglesia Perfecta", pero nosotros tampoco somos perfectos. Lo que no le quita valor a los puntos señalados anteriormente, en los que encuentro que una persona tiene la libertad de obrar de acuerdo a su conciencia y a lo que el Espíritu santo le indique que debe hacer".
FIN DE LA CITA

Esta reflexión del conocido estudioso de la Biblia John MacArthur debe llevarnos a reflexionar. En algunas iglesias, le han llamado la "puerta de atrás" es decir, el lugar por el que la gente que entra se va.

Debemos pensar si estamos teniendo estos problemas en nuestra iglesia, de ser así, eso nos va a explicar el por qué alguna gente se va de nuestra iglesia. Pero no nos podemos quedar cruzados de brazos. Ese tipo de iglesia "carnal" no es la Novia por la cual el Señor dio su vida en la cruz. Tenemos que lanzarnos de rodillas y pedir perdón. Tenemos que comenzar a orar sin cesar para que Dios por medio de su Espíritu SANE.

No hay fórmulas mágicas que podamos aplicar, ni planes misteriosos que solucionen los problemas en una semana. LA RECETA es muy antigua: Hay que ORAR y hay que APLICAR y VIVIR lo que dice la Biblia. Aunque duela y aunque algunos se pongan bravos.

Señores, donde HAY PECADO el Espíritu Santo NO OBRA. Y si Dios no está presente, lo que estamos edificando es UN CLUB y no EL CUERPO DE CRISTO. Tenemos que enfrentar y sacar el pecado de enmedio de nosotros. Eso es lo que la Biblia nos enseña.

Voy a terminar con una cita del conocido pastor, Mike Glenn:

"EL MUNDO ESTÁ DISGUSTADO CON LOS CRISTIANOS, PORQUE NO SON SUFICIENTEMENTE DIFERENTES"

lunes, 6 de febrero de 2012

Una buena lección

En una ocasión, durante un viaje a Europa, hice una escala en Londres para visitar esta ciudad. No tenía mucho tiempo, por lo que decidí comprar un paquete turístico que incluía un viaje en uno de esos típicos omnibus de dos pisos que nos daría un paseo por la parte más turística de Londres.

Después de subirme tres o cuatro veces al omnibus que no era, finalmente un empleado me explicó cómo identificar al omnibus que yo debía tomar. Me encontraba parado en medio de un grupo de personas de diferentes nacionalidades que esperaban por alguno de los omnibus de turismo que se detenían en aquel lugar para tomar y dejar pasajeros. En verdad había muchas personas esperando por su autobús.

Dado que los ingleses son amantes de la perfección, todos sabiamos que el autobús llegaría justamente a la hora que indicaba el anuncio, ni un minuto antes, ni un minuto después. Mientras yo esperaba, vi a un niño de unos seis o siete años que, aparentemente, venía caminando sin ninguna preocupación dirigiéndose sin rumbo fijo en dirección a nosotros. Pero, al mirar atrás, el niño se dio cuenta que estaba caminando solo. Entonces, lleno de temor, comenzó a gritar: “¡Alguien! ¡Alguien!” Al acercarse más a nosotros, y por su forma de hablar, me di cuenta de que el niño padecía del llamado Síndrome de Down. Mientras más gritaba el niño: “¡Alguien!”, más se apartaba la gente para evitarlo. El niño comenzó a mirar a su alrededor, como si se tratara de un animal acorralado frente a la fuerza que lo atacaba. “¡Alguien! ¡Alguien!”, gritaba, y su rostro se volvía cada vez más blanco por el terror que estaba experimentando.

Pensé para mis adentros: “De verdad que alguien debería hacer algo por este muchachito. Yo ni siquiera hablo buen inglés, ni sé lo que le pasa”. Finalmente llegó el autobús que yo debía tomar y la gente comenzó a subir mientras el niño seguía en la acera gritando: “¡Alguien! ¡Alguien!” Entonces, de en medio de la gente, salió una muchachita muy joven que respondió: “Alguien”. Se acercó al niño y lo tomó en sus brazos y comenzó a decirle muy calmadamente: “Alguien. Alguien”.

Para este entonces, yo ya había subido al autobús y me había acomodado en el piso superior al aire libre lo cual me permitía seguir observando la escena que se desarrollaba en la acera. Mientras esperaba que el vehículo saliera de la parada, vi que una mujer corría hacia la muchacha que había tomado en brazos al niño. En ese momento me di cuenta que esta última mujer era la madre del pequeño, y la muchacha era solo una turista bondadosa que vio a alguien necesitado y sufriendo. Esta muchacha, sencillamente, había hecho un esfuerzo para extenderle la mano a otra persona.

Aunque no sean personas con Síndrome de Down, muchos con los que nos cruzamos todos los días también están gritando “¡Alguien!” ¿Escucha usted estos gritos, o los ignora?
¿Se ha dado cuenta que, en general, tratamos de mantenernos lejos de las personas que están“incapacitadas” o que están enfrentando un problema? Los cojos, los divorciados, los solitarios, los que sufren. Ellos necesitan que los tratemos con la misma estimación de los que son semejantes a nosotros. Yo aprendí una lección aquel día que no he vuelto a olvidar.

viernes, 3 de febrero de 2012

Tómate un purgante

La gente del mundo espera mucho más de los cristianos que del resto de la población. En verdad es una especie de contradicción, ya que muchos niegan la existencia de Dios y se ríen de nuestra fe, pero a la hora de demandar un comportamiento, esperan que el de los cristianos sea ejemplo de ética y moral.

Desafortunadamente, muchos cristianos pretenden ignorar este hecho y se esfuerzan por parecerse cada día más a la gente del mundo, de suerte que hay veces en las que es difícil distinguir a un cristiano de en medio de un grupo de personas, que enfrentan cualquier tipo de hecho.

Hace un tiempo un amigo fue citado a una entrevista de trabajo, pues deseaba mejorar de empleo. El problema surgió al darse cuenta que tendría que faltar a su actual trabajo. Esta persona es cristiana y estaba debatiéndose en qué hacer, para no decir mentiras y a la vez cumplir con esta esperada oportunidad. Lo más lógico en una situación como esta, es aconsejar a la persona: Tómate un día de vacaciones. Eso me parece lógico y razonable. Pero un amigo “cristiano” saltó y le dijo: Mejor tómate un purgante. Así puedes llamar a tu trabajo actual y decir que tienes diarreas.

Esto que parece humor negro, fue un hecho real. Es que la mentira se ha llegado a impregnar hasta tal punto en algunas personas que se ha convertido en una forma de vida. Viven mintiendo y su conciencia ha sido cauterizada y han amordazado el Espíritu Santo para no escuchar que están haciendo mal. Cuando se actúa así, no se puede esperar que la gente del mundo se impresione positivamente por el cristianismo. Así que permítame decirle, que esas personas, de hecho se están convirtiendo en enemigos del cristianismo, pues le están haciendo daño.

Termino con dos pasajes para meditar: “Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” Apocalipsis 21:8.

Y Mateo 7: 20-23: “Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”.

Pudiéramos escribir todo un libro sobre estos dos pasajes pero prefiero que El Espíritu Santo hable por medio de ellos.

jueves, 2 de febrero de 2012

¿Qué haría usted?

¿Qué haría usted si de pronto supiera que tiene 90 posibilidades sobre cien de morir en el próximo minuto?

Esta fue la disyuntiva que se enfrentaron los pasajeros de un avión de la British Airways cuando volaban en un avión Boeing 747 operado por esa compañía aérea a 35,000pies de altura sobre el Mar del Norte, el pasado viernes. Todo estaba en calma cuando de pronto los adormecidos pasajeros escucharon por el sistema de comunicación del avión la voz de una mujer dando el siguiente mensaje: “¡Este es un mensaje de emergencia! Necesitamos hacer con urgencia un aterrizaje de emergencia en el mar”.

Los 330 pasajeros del avión, incluyendo a parte de la tripulación, se aterrorizaron ante este aviso. ¿Verdad que cuando se trata de morir uno nunca piensa que será tan pronto? Hasta los enfermos más graves de cáncer y de otras enfermedades mortales se aferran hasta el último suspiro a la posibilidad de ser sanados. La fragilidad de la vida humana solo es perceptible ante la inminencia de la muerte. Por lo general pensamos en la muerte de otros, no en la nuestra.

El alboroto que se armó en el avión fue tan grande, que a duras penas la tripulación logró abrirse paso por los pasillos del avión dando gritos de: ¡Todo está bien, fue un error, todo está bien! Alguien en la cabina del piloto, apretó por error un botón que lanzó el mensaje grabado que está reservado para alertar a los pasajeros cuando un avión de este tipo se va a estrellar en el mar.

En el avión que viajaba entre Miami y Londres la señal de peligro fue cancelada inmediatamente pero ya el mal estaba hecho. Los aterrorizados pasajeros trataban de mirar por las ventanillas hacia la negrura de la noche sin estrellas tratando de adivinar qué pasaría.

El periódico Daily Telegraph recoge algunos de los indignados comentarios de los pasajeros, molestos ante la explicación de la compañía. Sucedió que el piloto apretó por error el botón que lanzó el mensaje.

Los pasajeros contaron que los gritos y llantos en el avión duraron unos cuantos minutos a pesar de los anuncios que advertían que había sido un error. Por cierto, esta es la segunda ocasión en que algo similar sucede en un avión de la British Airways (Lo mismo ocurrió en un vuelo entre Londres y Hong Kong en agosto del año 2010).

Lo trágico de todo esto es que al parecer, de los 330 pasajeros que volaban en el avión, muy pocos o casi ninguno estaba preparado para enfrentar la muerte. Aunque esto es algo que todos los seres vivos tienen que enfrentar, los humanos pasan la vida tratando de arreglar las cosas en la tierra y se olvidan que la eternidad no es aquí. ¡Será en el cielo o en el infierno! Depende de qué decisión hayamos tomado en esta vida. Oro para que usted haga una decisión inteligente y reciba a Cristo como su Señor y Salvador, si es que no lo ha hecho todavía. Nadie sabe cuándo puede sonar el mensaje de alerta y tal vez no sea por tocar un botón equivocado.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Una verdad a medias, no es una verdad

Hace un tiempo escuché a un maestro de la Escuela Dominical decirle a su clase que lo que importa no es leer la Biblia, sino vivirla.

Eso es verdad, pero es solo una verdad a medias. ¿Cómo se va a vivir lo que no se conoce? ¿Cómo se va a enseñar lo que no se sabe? El asunto es que se había iniciado un plan para leer la Biblia completa en un año en aquella iglesia, y al parecer este maestro no estaba de acuerdo con ese plan, porque él no lo estaba siguiendo.

En otra oportunidad escuché en otra clase de la Escuela Dominical en la cual el maestro estaba siguiendo un plan de lectura diaria de la Biblia para leer la Biblia completa en un año, que al maestro preguntar quiénes estaban leyendo la Biblia siguiendo el plan, un líder levantó la mano, y la esposa le llamó la atención diciéndole: ” no están preguntando quién lee los Salmos sino, quién está leyendo la Biblia completa”.

¿Es posible que haya un maestro de la Escuela Dominical que nunca haya leído la Biblia completa? ¿Qué enseña entonces? ¿Lo que dice la revista de la Escuela Dominical? Mire mi amigo, por 18 años yo he editado la revista de la ED que publica LifeWay, pero esa revista es SOLO una AYUDA. Lo más elemental es leer la Biblia, y leerla completa; por lo menos una vez, para tener una visión general de la Palabra de Dios. Luego es necesario hacer otra lectura completa de la Biblia cronológicamente, para comprender cómo fue revelada la Palabra. Y a partir de ahí, se deben hacer estudios profundos por tópicos, sin dejar de leer la Biblia.

¿Cuántas veces yo he leído la Biblia completa? Creo que perdí la cuenta. Se remonta a la época en la que era Embajador del Rey con catorce años y desde entonces ha llovido mucho. Es algo que hago como norma todos los años, cambiando el sistema. Esa es la manera en la que comienzo el día. Es la primera cosa que hago antes de comenzar a trabajar. Unos años comienzo por el NT y otros por el AT. Y le confieso, que cada año, descubro cosas nuevas.

¿Que leo la Biblia y no la vivo al 100%? ¡Seguro que no! Pero déjeme decirle dos cosas. Primero, cada día lucho muy duro para aplicar los principios bíblicos a mi vida; a lo que hago, a lo que digo, a la forma en que juzgo a los demás. Y sobre todo a la hora de tomar decisiones por más irrelevantes que parezcan. Oro usando versículos bíblicos y en los momentos más negros que he tenido que atravesar en mi vida, la Palabra me ha servido de luz en mi camino. ¡No soy perfecto! Soy MUY imperfecto. Pero estoy seguro que si no fuera por la lectura y el estudio de la Biblia que he hecho por tantos años en mi vida, yo sería mucho peor de lo que soy.
Y segundo: Usted señor que se llama o considera maestro de algo que no conoce y que por lo tanto considera que no es importante leer la Biblia, déjeme preguntarle: ¿La vive usted?

Yo le tengo que decir a esa persona que ocupaba el puesto de maestro de la Escuela Dominical y a todos aquellos que piensan como esa persona, que están en un grave error pues están creyendo una verdad a medias. Yo digo como el salmista, Señor: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino”. Salmos 119:105