viernes, 5 de agosto de 2016

¿Cumplimos lo prometido?

Recuerdo que cuando era niño, si una persona daba su palabra, o se comprometía en algo, uno podía estar seguro de que esa persona haría lo que había dicho. Tal vez esto hoy día, ya sea parte de la historia antigua, pues vemos con mucha frecuencia, como la gente se aparta de sus promesas y compromisos, y como mienten para justificar sus injustificables acciones. Desafortunadamente, nuestras iglesias también con frecuencia son estremecidas por hechos de esta índole. Hace unos años, un domingo en la mañana nuestros corazones se apretaron al escuchar el informe del presidente del Consejo de Administración (Board of Trustees) con respecto a uno de los ministros de nuestra iglesia. Ese hombre, indebidamente se había apropiado de fondos para su beneficio personal. Se le había llamado a una reunión y se le había pedido la renuncia inmediata y la restitución de todo lo malversado. Sin embargo, él no tendría alguna forma de amortiguar o mitigar el dolor y la vergüenza de su familia. Ellos habían estado por varios años entre nosotros y se habían establecido profundos lazos de amistad. En cierto sentido, Dios había quitado a ese hombre de Su pueblo y Su iglesia, de la cual partía con la vergüenza tatuada en su rostro. La información pública de esta bochornosa acción que había sido descubierta, era parte de las consecuencias de su pecado que ahora tendría que enfrentar. Tristemente, hay otros muchos casos menores que tal vez, socialmente, no sean tan notorios pero que espiritualmente son igualmente nocivos y letales. ¿Recuerda los capítulos 1 y 2 de Malaquías? ¿Qué habían hecho los sacerdotes? Ellos estaban quebrantando sus compromisos de honrar el nombre de Dios. Él les dio un aviso. Les recordó un pacto y los reprendió por su falta de cuidado. Esta historia me fascina al ver que el aviso se presenta en forma de un mandamiento que indica que los sacerdotes que estaba pecando tenían solo dos opciones posibles: Una era arrepentirse, decidiendo de todo corazón dar gloria al nombre de Dios. ¿No es maravilloso ver cómo Dios en Su gracia llamó a los sacerdotes? Estos habían profanado Su nombre a sabiendas (Malaquías 1:8-13). Pero la puerta del arrepentimiento estaba abierta de par en par. ¡Qué aliento tan maravilloso constituye esto para todos los que alguna vez, o en alguna ocasión hemos quebrantado nuestro compromiso con Dios! Es posible que hayamos desobedecido lo que Dios nos estaba mandando a hacer. Tal vez hasta hayamos llegado a deshonrar Su nombre. Pero Dios nos ofrece un camino para continuar. Nunca es demasiado tarde para que regresemos a Él y hagamos lo correcto. Dios habla de arrepentimiento, y lo primero que un genuino arrepentimiento implica es abandonar las excusas y las justificaciones. Tenemos que enfrentar nuestros hechos, volver a Dios y apartarnos de lo que hicimos mal. La segunda opción que tenían los sacerdotes era simplemente restarle importancia a la Palabra de Dios y sufrir las consecuencias. En Malaquías 3:10-11 vemos que Dios no estaba amenazando ni tratando de atemorizar a los sacerdotes. Dios primero les dio la opción del arrepentimiento, y dejó bien claro que si no se arrepentían e insistían en andar por el mal camino que llevaban, Él los castigaría. Dios puede disciplinar a quienes quebrantan sus compromisos, mediante dificultades y pérdidas temporales y tangibles. ¿Recuerdan cómo David tuvo que enfrentar revueltas y una guerra civil a causa de su pecado? (2 Samuel 12-11; 15-18). Joás murió en la vergüenza, después de regresar a los ídolos (2 Crónicas 24:15-25). Cuando rompemos nuestros compromisos con Dios, debemos esperar Su disciplina. Dios disciplina a los creyentes de la misma manera que un padre disciplina a sus hijos. Si respondemos bien, la disciplina “da fruto apacible de justicia” (Hebreos 12:11) pero si nos resistimos, Dios puede ser más severo. Esto no solo se aplica a los pastores y ministros del evangelio. Esto es de alcance general. Cumplir los compromisos que tenemos con Dios requiere valor y sacrificio. Como líderes de la iglesia, servimos en un pacto con Dios y debemos rendirle cuentas a Él. Tenemos que orar para pedir el valor que necesitamos. Los miembros de las iglesia deben orar para que los corazones de los líderes de las iglesias sean valientes y estén dispuestos a enfrentar los riesgos y sacrificios que sean necesarios para mantener en alto nuestras creencias, doctrinas y principios cristianos. Debemos instruir en la verdad y llamar a la gente para que se aparten de sus pecados. Siempre recordemos que no es posible llevar a alguien por el camino correcto, si nosotros no andamos por ese camino. Necesitamos estar siempre escudriñando las Escrituras para comprobar que estamos siguiendo las enseñanzas de Dios y no las interpretaciones de los hombres (Hechos 17:10-11). Dios desea que todos Sus hijos escuchen con oídos que disciernan la verdad. No tenemos opción. Tenemos que cumplir lo que le hemos prometido a Dios, o enfrentar las consecuencias…

lunes, 1 de agosto de 2016

Si no pudo asistir a nuestra iglesia ayer domingo, siga este enlace para que pueda ver y oír nuestro servicio de adoración completo. Lamentamos la demora en el post pero hemos experimentado dificultades técnicas con Vimeo este fin de semana. http://hispanic.brentwoodbaptistonline.com/culto-de-adoracion/

lunes, 11 de julio de 2016

En los momentos difíciles...

Si no pudo asistir ayer a nuestra iglesia, le invito a ver y escuchar nuestro servicio de adoración, doblado al español en este enlace: http://hispanic.brentwoodbaptistonline.com/culto-de-adoracion/

lunes, 30 de mayo de 2016

Tengo una invitación my especial para usted

Cada semana, en nuestra iglesia vemos la mano de Dios obrando, y sentimos la presencia del Espíritu Santo.
Le invito hoy a adorar con nosotros en nuestra versión digital siguiendo este link:

http://bbchispanic.com/culto-de-adoracion/

lunes, 23 de mayo de 2016

Culto de adoracion del domingo 22 de mayo de 2015 en Brentwood Baptist doblado al español...

Haga click en este link y adore con nosotros a nuestro Rey y Señor

http://hispanic.brentwoodbaptistonline.com/culto-de-adoracion/

sábado, 21 de mayo de 2016

Iglesia Hispana Virtual en Tennessee

Desde hace unos cuatro años, comenzamos un proyecto encaminado a poner al alcance de nuestros amigos en todo el mundo, la predicación del pastor principal de nuestra iglesia: Mike Glenn, doblado al español y las alabanzas de nuestro coro y orquesta.
Nuestra iglesia es muy bendecida por contar con un enorme número de músicos, compositores y arreglistas profesionales, que cada semana se entregan con pasión para ayudarnos a adorar a nuestro Dios.
Muchas dificultades técnicas encontramos en el camino, pero el Amor y la Gracia de Dios nos mantuvo y hoy, podemosm dedicar a su Gloria y honra, esto que por no tener un mejor nombre he llamado Brentwood Baptist Virtual Hispanic Ministry.
Elevo una oración para que este esfuerzo le sirva de bendición en su vida.

Dr. Oscar J. Fernandez
Hispanic Ministry, Director
A Ministry of Brentwood Baptist

Haga Click en el link y déjenos saber su opinión...

http://hispanic.brentwoodbaptistonline.com/culto-de-adoracion/

jueves, 28 de abril de 2016

Esto es como una epidemia

Por Dr. Óscar J Fernández (Publicado por Baptist Press)

Uno de los peores males que afectan a nuestras iglesias hoy día son las divisiones. No considero que alguien esté exento de tener, en algún momento, que enfrentar cara a cara este terrible mal. Por cierto, este es un problema muy viejo, observe que Pablo hace unos dos mil años les llamó la atención a los corintios sobre este mismo problema.

 Tengo un amigo y hermano en el ministerio, a  quien aprecio mucho, que se refiere a este asunto diciendo: “Cada cierto tiempo, nos llegan miembros que vienen de otras iglesias, y son muy buenos ‘misioneros’. Ellos se especializan en llegar a una iglesia y convertirla en una misión”.

    El problema se puede iniciar por cualquier motivo insignificante. Al igual que en la iglesia de Corinto, puede ser por preferencias con un líder. Pero también puede tratarse del tipo de música que se usa para la adoración, la estrategia que se está desarrollando, la participación que alguna persona tiene en la iglesia y que a pesar de que esa persona usa cada minuto libre que tiene para la causa del evangelio, su trabajo es percibido como si lo hiciera porque: “él se cree que es el que manda”.

    Hace unos años visité, con el que era entonces mi supervisor, un grupo grande de iglesias Hispanas. Formábamos parte de un equipo de trabajo que estaba realizando una investigación entre las iglesias cristianas de diferentes denominaciones. A lo menos, entre las iglesias que nosotros visitamos, la mayor causa de descontento entre los pastores y el motivo principal por el cual buscaban la posibilidad de ir a servir en otras congregaciones era a causa de las divisiones. No hay diferencias por el sexo. Puede ser un “hermanito” o una “hermanita” la que se especialice en formar el problema.

  No hace mucho hablaba con un amigo pastor y le preguntaba por una persona que era miembro de su iglesia a quien yo conocí en su juventud. El hermano me dijo, dentro de poco va a regresar a mi iglesia. Y me contó una mala experiencia y una división que habían sufrido iniciada por esa persona. Entrañado le pregunté: ¿Y qué te hace pensar que va a volver a tu iglesia? A lo cual me contestó: bueno, es que ya se le están acabando las iglesias en la ciudad y tendrá que comenzar a regresar a las iglesias en las que ya estuvo.

     El mal es grande y está muy extendido, pero hay una cura disponible. Pablo llama a los corintios a tener una misma opinión. ¿Pero cómo se puede hacer esto?  ¿No ha oído decir que para gustos se han hecho colores? Y si me gustan las alfombras de colores oscuros, ¿por qué al hermano fulano se le ocurre que pongamos una clara? Y ya está la excusa para iniciar el problema. ¿Sabe algo? El diablo está detrás de eso.

   El remedio es llenar nuestras mentes de Cristo. ¿Fácil? No lo crea, ya que nuestra humanidad es fuerte y trata de imponerse a cada momento. Pero cuando Él toma el control de nuestras vidas entonces tenemos la posibilidad de buscar la armonía en el Cuerpo de Cristo.

   Querer hacer nuestra voluntad, estar en desacuerdo con los demás, querer imponer la “autoridad”, boicotear los planes cuando es otro el que los hace y querer que los demás hagan lo que les decimos, son los rasgos más comunes, pero también esto incluye a los llamados “epistolarios” que son los que se dedican a mandarle cartas o correos electrónicos a todo el mundo, criticando a otros hermanos.

   Estos son elementos que llevan a las divisiones y son rasgos de lo que la Biblia llama el viejo hombre de pecado. Son armas de gran valor que Satanás usa para dañar a la Esposa del Cordero. Lo triste es que la mayor parte de esas personas, son infelices. No tienen paz con ellas mismas y saben que han hecho o están haciendo algo mal. Y es cierto, están obrando muy mal.  Debemos ser agentes de unión bajo la dirección del Espíritu Santo en la iglesia de Cristo, comprada por Él con Su sangre preciosa.


Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis
todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que
estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

1 Corintios 1:10

lunes, 11 de abril de 2016

El bautismo cristiano

Por Dr. Óscar J. Fernández
El bautismo cristiano es la inmersión de un creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Este es un acto de obediencia que simboliza la fe del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado, la muerte del creyente al pecado, la sepultura de su antigua vida, y la resurrección para andar en novedad de vida en Cristo Jesús. Este es un testimonio público de su fe en la resurrección final de los muertos. Como es una ordenanza de la iglesia, es un requisito que precede al privilegio de ser miembro de la iglesia y a participar en la Cena del Señor.
La Cena del Señor es un acto simbólico de obediencia por el cual los miembros de la iglesia, al participar del pan y del fruto de la vid, conmemoran la muerte del Redentor y anuncian su segunda venida.
Versículo Clave para memorizar:
2 Corintios 5:17
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
Jesucristo le dio a Su iglesia dos ordenanzas: El bautismo y la Santa Cena. La palabra ordenanza significa “decreto” o “mandamiento”. Los bautistas tenemos al bautismo y la Cena del Señor como “ordenanzas” dadas por nuestro Señor Jesucristo. En tanto que son ordenanzas no es algo opcional. ¡Es un mandamiento!
Hay otras denominaciones que consideran ambos actos como “sacramentos”. La palabra SACRAMENTO se refiere a algo que transmite gracia al creyente. Los bautistas creemos que Jesús le dio el bautismo y la Cena del Señor a Su iglesia no como un sacramento sino como una imagen y una afirmación de la gracia.

Los bautistas observamos las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena del Señor porque Jesucristo nos ordenó que lo hiciéramos. Nuestra obediencia fiel a los mandamientos de Jesucristo es un testimonio de la Gracia de Dios. Las ordenanzas son “ilustraciones”, un recordatorio de la Gracia y una fuente de bendición para los creyentes. Ellos no otorgan una gracia sacramental a los que participan ni a la iglesia que observa. Más  bien, los creyentes reciben gracia y bendiciones cuando ellos obedecen a los mandamientos de Jesucristo y recuerdan el sacrificio que hizo en la cruz para salvarlos.

La Biblia claramente define el bautismo como la inmersión de los creyentes en agua. El bautismo no es de ninguna manera una excentricidad denominacional. El bautismo de los creyentes por inmersión tiene profundas raíces en la misma naturaleza de la ordenanza y en la imagen que la inmersión le da a la iglesia.

En el Nuevo Testamento  la palabra en griego que se utiliza para bautismo es la palabra baptizo cuyo significado literal es “sumergir bajo el agua”. Es decir, zambullir hasta que el agua cubra por completo, en este caso, a una persona.  El rociamiento con agua o la inmersión parcial no se ajusta a la definición que el Nuevo Testamento da del bautismo.
Cumpliendo el mandato de la Gran Comisión (Mateo 28:19) los bautistas bautizan  en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: Mateo 28:19 dice: Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.  De manera que el bautismo es un acto de la Trinidad que le recuerda a los creyentes que nuestra salvación fue prometida, realizada y  puesta en práctica mediante el obrar del único Dios verdadero: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Cuando un creyente se sumerge en el agua, simboliza la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo ofreciendo un hermoso cuadro de nuestra salvación  y recordándonos Su obra salvadora. En Romanos 6:4 dice: Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. La imagen de la vida a partir de la muerte, es un poderoso testimonio del evangelio y de la promesa que el Padre le hizo al Hijo en el Pacto de la Redención.

El bautismo representa la muerte al pecado  del creyente y su resurrección para andar en una vida nueva. El testimonio de las Escrituras acerca de este acto es muy rico y poderoso. El bautismo representa la entrega total de la vida y la transformación que solamente Jesucristo puede traer. Mediante el bautismo el creyente confiesa públicamente su fe en Jesucristo.
 
El bautismo, de una forma única simboliza la descripción que hace el apóstol Pablo de los creyentes como “sacrificios vivos”. En Romanos 12:1 Pablo escribió: Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. Es decir muertos a nosotros mismos y vivos para Cristo. No existe una mejor representación de esta verdad que la ordenanza del bautismo del creyente. El creyente simbólicamente muere y resucita a una nueva vida en la Gracia de Cristo y a Su llamado a obedecer sus mandatos.
Los bautistas también vemos el bautismo como una señal para entrar al colectivo del cuerpo de creyentes a disfrutar del pacto. Usted puede bautizarse y no hacerse miembro de la iglesia, pero usted no puede ser miembro de la iglesia si no ha sido bautizado por inmersión.

Jesús estableció claramente que Sus discípulos tienen que dar testimonio de Él públicamente, Mateo 10:32-33 dice: 32  A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33  Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. Pablo refuerza el concepto de la profesión pública de fe cuando define la esencia o fundamento de la salvación al escribir en Romanos 10:10: Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pero esta profesión pública no se limita a una declaración pública de creer en Cristo, o a un compromiso de seguir a Cristo como un discípulo de Él.  Esto incluye el bautismo, que simbólicamente representa la relación que el creyente ha iniciado con Cristo y el compromiso de integrarse a Su Cuerpo, que es la iglesia, para crecer y madurar espiritualmente y llevar adelante la gran Comisión.

El bautismo separa y unifica al creyente. Lo separa de su antigua manera de vivir y lo junta a los que han dado igual testimonio. Simbólicamente, nos separa de nuestra vieja forma de vida y nos introduce a una nueva vida con Cristo.
El bautismo es una demostración pública de la obediencia del creyente. El bautismo no es un requisito para la salvación, baste recordar el ejemplo del ladrón en la cruz. Sin embargo, es un paso de obediencia necesario.  No encontramos un solo caso en el Nuevo Testamento en el cual los creyentes rechazaran el bautismo, o rechazaran la oportunidad de obedecer a Cristo mediante el bautismo.
Los bautistas rechazamos la creencia de que el bautismo regenera a la persona.

El concepto de la regeneración bautismal no es bíblico y distorsiona completamente, negando y debilitando al Evangelio. La regeneración es un don de Dios y precede al bautismo.

Los bautistas no bautizan a personas para que ellas, por medio del bautismo, puedan ser nuevas criaturas en Cristo.
Los bautistas, bautizamos a personas que han dado evidencias de ser salvas.

Cualquier doctrina o enseñanza que le adjudique un papel regenerador al bautismo, viola claramente las enseñanzas del Nuevo Testamento, ya que en él se ensena que somos justificado solamente por medio de la fe y no por la fe y “algo más”, incluyendo entre esto al bautismo. En Efesios 2:8-9 el Apóstol Pablo escribió:   8  Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9  no por obras, para que nadie se gloríe.

Un enfoque bíblico del bautismo requiere que afirmemos su significado real y el mensaje que  el bautismo comunica. En el Nuevo Testamento NUNCA se dice o sugiere que podemos bautizar a alguien que no crea en el Señor Jesucristo y lo haya recibido como Señor y Salvador.  Por lo tanto los bautistas rechazamos categóricamente el bautismo de los bebés y de cualquiera que no pueda de manera personal y consciente hacer profesión de su fe en Cristo.   

  
Compruebe lo que ha aprendido sobre el bautismo de los creyentes
Lea los siguientes pasaje bíblicos:
Mateo 3.13-17; 26.26-30; 28.19-20; Marcos 1.9-11; 14.22-26; Lucas 3.21-22; 22.19-20; Juan 3.23; Hechos 2.41-42; 8.35-39; 16.30.33; 20.7; Romanos 6.3-5; 1 Corintios 10.16,21; 11.23-29; Colosenses 2.12.

jueves, 31 de marzo de 2016

Mike Glenn  en español...
Mensaje predicado el Domingo de Resurrección en Brentwood Baptist por Mike Glenn doblado al español.

bbcministeriohispano.com

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Concord Road y la I-65

Domingos 9:30 am Culto de Adoración

11:00 Grupos de Vida (LifeGroups) en español

miércoles, 23 de marzo de 2016

Ahora puede ver y oír en español a Mike Glenn, el Senior pastor de Brentwood Baptist Church, que es una iglesia con múltiples Campus en Brentwood, TN,

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