miércoles, 25 de abril de 2018

ESTUDIO SOBRE ÉXODO (10)


DÉCIMA SEMANA

Hay un viejo refrán que dice: «Eso es poner el dedo en la llaga». En verdad hay experiencias y hechos que cada vez que vienen a nuestra memoria, nos hacen sangrar. Conozco a un buen hombre que, en una etapa de su vida, era un alcohólico. El día del cobro se gastaba todo lo que ganaba en la cantina y al regresar a casa, le pegaba a su esposa y a los hijos pequeños. Su estado de dependencia era tal que no tenía algún control o dominio sobre sí mismo. Un día, estando completamente borracho, armó una pelea en una cantina que se acabó a los tiros.
Aquella experiencia lo hizo recapacitar y en ese proceso se encontraba cuando conoció a Jesús y su vida cambió para siempre. Nunca más ha vuelto a tomar bebidas alcohólicas. Pero siempre me decía: «Si yo voy caminando por la calle, y veo que hay un lugar de venta de bebidas o una cantina, yo cruzo la calle para no pasar frente a esos lugares».
Él aún no puede lidiar con el recuerdo de las cosas horribles que hacía cuando estaba borracho. Muchas veces le dije que tenía que entregarle su pasado a Jesucristo y establecer la paz con su pasado. Él no podía recordar las cosas que había hecho sin entristecerse mucho y pensar que nada podía hacer sin que su pasado viniera a enturbiar su presente.
El caso de Moisés nos sirve de lección y nos enseña lo que podemos llegar a hacer cuando nos ponemos en las manos de Dios. 

PENSAMIENTO INICIAL:
En nuestro andar hacia la madurez, debemos estar alertas en contra de nuestra tendencia de regresar a las viejas normas de conducta

Éxodo 6:10-30. COMPORTAMIENTO RETRÓGRADO
10Y habló Jehová a Moisés, diciendo: 11Entra y habla a Faraón rey de Egipto, que deje ir de su tierra a los hijos de Israel.12Y respondió Moisés delante de Jehová: He aquí, los hijos de Israel no me escuchan; ¿cómo, pues, me escuchará Faraón, siendo yo torpe de labios? 13Entonces Jehová habló a Moisés y a Aarón y les dio mandamiento para los hijos de Israel, y para Faraón rey de Egipto, para que sacasen a los hijos de Israel de la tierra de Egipto. 14Estos son los jefes de las familias de sus padres: Los hijos de Rubén, el primogénito de Israel: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi; estas son las familias de Rubén. 15Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Ohad, Jaquín, Zohar, y Saúl hijo de una cananea. Estas son las familias de Simeón. 16Estos son los nombres de los hijos de Leví por sus linajes: Gersón, Coat y Merari. Y los años de la vida de Leví fueron ciento treinta y siete años. 17Los hijos de Gersón: Libni y Simei, por sus familias. 18Y los hijos de Coat: Amram, Izhar, Hebrón y Uziel. Y los años de la vida de Coat fueron ciento treinta y tres años. 19Y los hijos de Merari: Mahli y Musi. Estas son las familias de Leví por sus linajes. 20Y Amram tomó por mujer a Jocabed su tía, la cual dio a luz a Aarón y a Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años. 21Los hijos de Izhar: Coré, Nefeg y Zicri. 22Y los hijos de Uziel: Misael, Elzafán y Sitri. 23Y tomó Aarón por mujer a Elisabet hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual dio a luz a Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. 24Los hijos de Coré: Asir, Elcana y Abiasaf. Estas son las familias de los correítas. 25Y Eleazar hijo de Aarón tomó para sí mujer de las hijas de Futiel, la cual dio a luz a Finees. Y estos son los jefes de los padres de los levitas por sus familias. 26Este es aquel Aarón y aquel Moisés, a los cuales Jehová dijo: Sacad a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos. 27Estos son los que hablaron a Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto a los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron éstos. 28Cuando Jehová habló a Moisés en la tierra de Egipto, 29entonces Jehová habló a Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVá; di a Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo a ti. 30Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy torpe de labios; ¿cómo, pues, me ha de oír Faraón?

Analizando el pasaje bíblico:

Dios probó a Moisés en su zona más vulnerable: ¡El rechazo! Entonces le ordenó que nuevamente fuera a confrontar al faraón. Moisés volvió a usar la misma excusa que había utilizado antes, cuando Dios le habló desde la zarza que ardía sin consumirse. Moisés le había dicho entonces a Dios que él nunca había sido elocuente. Si no por el contrario, lento y vacilante para hablar. Moisés no se consideraba un orador y no creía que tenía dotes para convencer a alguien hablando. Había fracasado al tratar de ayudar a sus hermanos israelitas que lo habían rechazado, y el rechazo había dejado una profunda cicatriz en su alma.
Son esas cicatrices las que el diablo usa para convencernos de que no podemos hacer lo que Dios nos pide que hagamos.
Pero, por otra parte, tenemos que reconocer que el rechazo es una de las cosas que duelen de manera más profunda. No importa la razón por la cual seamos rechazados. Y Moisés, en lo profundo de su ser, no quería ser rechazado nuevamente.
 El autor de la epístola a los hebreos exhorta a todos los cristianos a evitar el comportamiento retrógrado. Como cristianos debemos correr nuestra carrera espiritual con estoicismo, despojándonos de cualquier restricción, de manera particular, cualquier pecado que nos pudiera tener atrapados. Y sobre todas las cosas, debemos mantener nuestra vista fija en Jesucristo quien es el autor y consumador de nuestra fe, lee Hebreos 12:1-2.
En el versículo 14, a primera vista parece que hay un rompimiento con lo que se viene exponiendo, sin embargo, en el estilo de la antigua escritura del Cercano Oriente y de acuerdo con las preocupaciones de la antigua cultura del Cercano Oriente, una genealogía aquí no está fuera de lugar ni estilísticamente es una intrusión, sino es bienvenida y está perfectamente ubicada.
Al final del versículo 12, la narración que se viene haciendo se detiene por un momento: justo en el punto donde Moisés dijo, en efecto: «no puedo hacerlo». Este sería el punto ideal para insertar un comercial de una presentación dramática de televisión moderna, el punto justo antes de la solución del suspenso, ya que el interés del espectador está en manos del interés emocional en la solución de la historia. Viene muy bien un «Ta tan, ta tan…» o cualquier otra música de fondo que cree el ambiente propicio para el desenlace final. 
Pero la mayoría de las narraciones antiguas no tenían ninguna preocupación por la preservación del suspenso. Tampoco fue doloroso hacer una revisión retrospectiva, en el lugar justo antes de la solución de la historia principal, que incluye la gran confirmación divina del llamado de Moisés, su comisión y el desafío preparándolo para el lanzamiento de las plagas.
Los israelitas ya habían estado aprendiendo acerca de la importancia de Moisés y Aarón. Obviamente ellos iban a aparecer como las dos figuras israelitas clave de la historia del éxodo. Ahora es el momento en que se descubre lo que se han estado preguntando (si es israelita, está en sintonía con el gran interés de su cultura en las conexiones familiares, como lo fueron los receptores originales del libro de Éxodo). ¿Quiénes fueron realmente Moisés y Aarón en términos de sus vínculos familiares dentro de la estructura sociológica de su gente?

Esta porción del libro está compuesta de una lista genealógica que se inicia diciendo: «Estos fueron los jefes de familias». La lista genealógica en sí tiene, al menos siete propósitos:

(1) Comienza con Rubén, el hijo primogénito de Jacob, y así rastrea el linaje de Aarón y Moisés de regreso a Israel el hombre (Jacob), vinculándolos con los mismos comienzos de su pueblo, como se esperaba que la genealogía israelita propiamente dicha lo hiciera.

(2) Termina con el nieto de Aarón (Finees) y, por lo tanto, lleva la genealogía al tiempo del libro de Jueces (Jueces20:28), proporcionando un camino para que las generaciones sucesivas vinculen a estos líderes con su propio lugar y tiempo.

(3) Honra a Aarón y al sacerdocio verdadero, una de las preocupaciones especiales de Moisés en Éxodo. 

(4) Muestra donde Coré, el líder de la rebelión en el desierto (Núm. 16: 1-49) fundó su reclamo por las credenciales de liderazgo. 

(5) Les recuerda que Moisés era de una familia y tribu sacerdotal, y así estaba calificado y llamado a realizar de vez en cuando, funciones sacerdotales, no solamente proféticas, (incluyendo la dirección para la construcción del tabernáculo, su derecho a entrar en él y su ofrenda de sacrificio de ordenación en (Lev 8: 28-29). 

(6) Les recuerda a los israelitas que ellos no eran étnicamente puros, al mencionar específicamente a la mujer cananea. 

(7) Al llamar de manera especial la atención a varias mujeres en el linaje sacerdotal de la familia, les recuerda la importancia atribuida al matrimonio correcto y piadoso para los sacerdotes, un tema que también se refleja más adelante en las leyes.

Prácticamente todas las listas genealógicas del Antiguo Testamento son selectivas. Es decir, normalmente nombran a personas prominentes o necesarias en una línea genealógica, pero de ninguna manera incluyen siempre a todas las personas de esa línea. Pueden omitir a varias generaciones a la vez o terminar en cualquier punto de una línea en particular. 

Particularmente es importante destacar que Aarón se casó con una mujer judía llamada Elizabet, cuyo padre y hermano fueron antepasados ​​de Jesucristo, una conexión pequeña pero no insignificante de los dos hilos de la historia de la salvación en el texto bíblico. Sus cuatro hijos tienen papeles en varias narraciones futuras, debido a su importancia en el linaje sacerdotal. Una vez que Dios estableció el sacerdocio como un oficio hereditario, la descendencia de un sacerdote se convirtió en una credencial que no era negociable.
No podemos dejar de destacar un punto esencial en este momento, y es que, en el libro de Éxodo, el héroe de la historia no es Moisés, es Yahweh (Jehová). Moisés admitió abiertamente en varias ocasiones en Éxodo que no confiaba en su habilidad para cumplir las órdenes de Dios y nos plantea en cada caso, que Dios lo sostuvo durante todo el proceso. Incluso la nota sobre su edad y la de Aarón es muy instructiva: los dos fueron llamados a dirigir un gran movimiento a una edad en la que la mayoría de la gente moría. Su contribución al éxodo no fue su genio ni su experiencia. ¿Qué experiencia podían tener para liderar un éxodo? Ni tampoco sus credenciales, las de Moisés eran esencialmente negativas en lo que respecta a la mayoría de los israelitas, ni tampoco su vitalidad, ni nada por el estilo. Lo que los hizo líderes exitosos fue el hecho de que «hicieron lo que el Señor les mandó que hicieran».
Todo lo que se requería de Moisés era que él actuara como un portavoz de Dios. No estaba obligado a ser creativo o un organizador inteligente o un dotado persuasor. Simplemente se le pidió que le dijera a Faraón que era el rey de Egipto, lo que Dios le dijo que dijera: era simplemente cumplir el papel de profeta. Su protesta, «¿por qué el Faraón me escucharía, ya que hablo con labios vacilantes?» Se menciona aquí a modo de enlace con el punto en el que la narración se fue y comenzó la genealogía intermedia. No es, en otras palabras, una segunda protesta que usa las mismas palabras, sino simplemente un recordatorio para el lector de lo que Moisés había dicho previamente.

PARA REFLEXIONAR:
¿Por qué es fácil regresar a los viejos patrones de comportamiento que nos impiden hacer la voluntad de Dios y crecer en nuestras vidas cristianas?

REFLEXIÓN INDIVIDUAL:  
¿Qué patrón de conducta has abandonado?
¿Has vuelto alguna vez a caer en el mismo problema?
¿Qué hecho motivó que volvieras a lo que ya habías superado?
¿Cómo pudieras prepararte para no volver a incurrir en lo mismo?
¿Cómo te sentiste cuando viste que habías caído nuevamente en lo mismo?
¿Conoces a alguien que haya sufrido o esté sufriendo una experiencia similar?
¿Cómo pudieras ayudar a esa persona?    

miércoles, 18 de abril de 2018

ESTUDIO SOBRE ÉXODO (9)

Alguien dijo una vez que el dolor puede cerrar los oídos. Cuando experimentamos los dolores producidos por hechos o situaciones que nos han ocurrido, algunas veces debido a las malas decisiones que hemos tomado, pero muchas veces sin haber dado motivos, es casi normal que nuestra naturaleza humana se resista a escuchar los consejos, las enseñanzas e incluso las promesas que nos ofrecen un mejor futuro en un breve periodo de tiempo. Conocí a una persona que decía: «Es que estoy atravesando un túnel muy oscuro, y cuando logro ver una luz al final del túnel, es otro tren que viene a pasarme por encima».

 El diablo parece que se complace en usar una y otra vez el archivo de nuestros fracasos, y en especial aquellos hechos que nos hirieron profundamente y que nos tomó mucho tiempo superar, para traerlos una y otra vez frente a los ojos de nuestro corazón para repetir sin cansancio: «Tú no eres capaz de hacer eso, vas a fracasar una vez más».

Por muchos años mi vida profesional estuvo casi anulada porque yo no era «militante del Partido». Recibí innumerables invitaciones de instituciones académicas en el extranjero para participar en eventos internacionales, que nunca fueron aprobadas para que yo pudiera asistir. Se limitaban y controlaban mis publicaciones y la lista de cosas que tuve que enfrentar y soportar es interminable. Pesaba sobre mí el estigma de tener «creencias religiosas», y ellos consideraban eso un grave problema ideológico. Esto en realidad me afectó más de lo que yo pudiera imaginar, pues creó en mí un sentimiento muy fuerte en contra de cualquier tipo de discriminación.

 Al venir a los Estados Unidos dejé atrás aquel mundo. Tan decepcionado me sentía que decidí apartarme de mi carrera profesional e iniciar una nueva vida desde cero. Tomó tiempo, trabajo y mucho esfuerzo. Entonces Dios me llamó al ministerio, y luego ministrar en varias prisiones y trabajar con jóvenes pandilleros, mi iglesia me pidió iniciar un ministerio Hispano que luego se convirtió en iglesia. Pasados unos años LifeWay me invitó a unirme a ese Ministerio y aportar mis conocimientos y experiencia. Era un cierto regreso a mi formación profesional, pero desde una perspectiva mucho más amplia, combinando prácticamente todo lo que yo había estudiado y hecho en mi vida. Entonces tuve que comenzar a lidiar con algo inimaginable para mí. Algunos hermanos hispanos de iglesias y organizaciones que yo visitaba por mi trabajo comenzaron a hacerme la vida difícil por mi origen nacional. «¿Prejuicio nacional?» «¿Discriminación?» Y lo interesante es que nunca fue por parte de estadounidenses. Cada vez que alguien me preguntaba: ¿de dónde tú eres? La sangre me hervía, pues había un sentimiento anticubano en la pregunta. ¿Y quién le dijo a alguien que uno escoge el país donde va a nacer? ¿Y de dónde han sacado que un cristiano puede discriminar a otro porque nació aquí o allá? ¿No se parecía esto mucho a lo que me habían hecho los comunistas? Pero, Dios me estaba preparando para cosas mayores, a pesar de que aquello, en verdad me dolía en lo profundo…

Piensa por un momento como se sentiría Moisés. El cambio que él sufrió fue muy brusco. De estar en la corte del faraón de Egipto, disfrutando de los privilegios de pertenecer legalmente a la familia real, como hijo de la hija de faraón, a ser pastor de ovejas en un país desconocido, rodeado de gente desconocida.

 Nuestra idea de los «pastores de ovejas» generalmente es muy romántica, por la influencia que tiene que el rey David fuera un pastor de ovejas y que Jesús se llamara a Si mismo el Buen Pastor. Pero la labor del pastor de ovejas era un trabajo duro, poco apreciado, mal remunerado, lleno de sacrificios y de peligros. Este oficio no tenía algo que ver con la instrucción que Moisés había recibido en la corte del faraón de Egipto.

  Pero, a pesar de las circunstancias que enfrentemos en un momento, no debemos nunca perder de vista que Dios está atento y que solo permitirá que seamos tentados hasta donde podemos resistir.
Tenemos que buscar la sanidad divina para nuestras heridas emocionales y psicológicas, ese es el tratamiento adecuado y tenemos que prestar atención a la voz de Dios por medio de Su Palabra ya que ese es el medicamento necesario.
   
PENSAMIENTO INICIAL:
  
Cuando enfrentemos algunas experiencias negativas psicológicamente, no debe sorprendernos si Dios nos prueba en nuestras áreas más vulnerables.

Éxodo 5:1- 6:9. LAS PRUEBAS DOLOROSAS, AL FINAL NOS AYUDAN
 Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.2Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.3Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada.
4Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas.5Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas.6Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo: 7De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja.8Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.9Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.10Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus capataces, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja.11Id vosotros y recoged la paja donde la halléis; pero nada se disminuirá de vuestra tarea.12Entonces el pueblo se esparció por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja.13Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea de cada día en su día, como cuando se os daba paja.14Y azotaban a los capataces de los hijos de Israel que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?15Y los capataces de los hijos de Israel vinieron a Faraón y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?16No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable.17Y él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová.18Id pues, ahora, y trabajad. No se os dará paja, y habéis de entregar la misma tarea de ladrillo.19Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, al decírseles: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día.20Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón,21  les dijeron: Mire Jehová sobre 0vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.22Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?23Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.
Éxodo 6:1-9 (RVR)
1Jehová respondió a Moisés: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra.2Habló todavía Dios a Moisés, y le dijo: Yo soy JEHOVá.3Y aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos. 4También establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron forasteros, y en la cual habitaron.
5Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto.6Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes;7y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.8Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo JEHOVá.9De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.

 ANALIZANDO EL PASAJE BÍBLICO:

Moisés experimentó una prueba dolorosa que lo hirió en el mismo centro de sus sentimientos más profundos: el efecto doloroso de ser rechazado. Cuando faraón se negó a dejar ir al pueblo de Dios, el rey decidió incrementar la carga que pesaba sobre los hijos de Israel. Entonces, como era casi natural, los hijos de Israel se volvieron en contra de Moisés. Ese hecho revivió viejos recuerdos en el corazón de Moisés. Estoy casi seguro de que cuando esta situación se produjo, lo primero que vino a la mente de Moisés fue escapar, correr, huir, esconderse, como ya había hecho una vez. Moisés tuvo que haber pensado en regresar a Madián, al territorio que ahora le era conocido y manejable, y apartarse de esta nueva e imprevista situación.

Bueno, en realidad no tan imprevista, en definitiva, él se lo advirtió a Dios, él sabía que las cosas no serían tan fáciles y tal vez por eso no se sintió muy emocionado por la encomienda que Dios le estaba dando.

En Madián todo hubiera sido diferente. Allí habría disfrutado de una existencia tranquila y apacible, pastoreando las ovejas, libre de las presiones y la tensión de la responsabilidad de liderar. Pero en realidad Moisés corrió, pero en esta ocasión lo hizo en la dirección correcta, corriendo hacia la fuente de su fortaleza. Lee de nuevo Éxodo 5:22-23.

La respuesta de Dios fue tranquilizadora: Finalmente, faraón dejará ir a los hijos de Israel, pero será como resultado de la «mano poderosa de Dios». Cuarenta años antes, Moisés había confiado en la fortaleza de sus propias manos cuando hirió al capataz egipcio, pero él había aprendido, por la vía difícil, que solo Dios podía cambiar el corazón de faraón.
En este pasaje se usa dos veces, en el mismo versículo, la expresión: «con mano fuerte» (bĕyād hĕzāqāh). Dios no respondió a la queja de Moisés explicándole por qué había elegido permitir que las cosas fueran tan difíciles para Moisés y los israelitas. Más bien, Él respondió haciendo referencia a Su promesa original (Éxodo 3:19) de que usaría algo que era más grande que el poder humano, para hacer que el faraón dejara ir a los israelitas. El lenguaje usado es una expresión que tiene la connotación de decir: «por la fuerza». 
Aquí Dios le prometió a Moisés que obligaría a faraón a dejar ir a los israelitas, no solo para un festival de tres días, sino que él los "expulsaría de su país". Lo que Dios estaba planteando para tranquilizar a Moisés, era nada menos que el éxodo completo. Para poseer a Canaán ellos tenían que abandonar a Egipto y por lo tanto el pacto patriarcal era también, implícitamente, una promesa de un éxodo. 
El consuelo de Dios para Moisés continúa con el uso del lenguaje del pacto, recordándole que Él es YHWH (Jehová [Yahweh]), el Dios de los patriarcas, el Dios que ellos adoraron con ese nombre y el que se incluía en las promesas patriarcales a sus descendientes.
Esta es la primera vez en Éxodo que Dios dice: «Yo soy YHWH». Él había dicho estas palabras (' ănî yahweh ) solo dos veces antes, en Génesis 15:7 a Abraham, y en Génesis 28:13 a Jacob, en ambos casos en relación con la tierra prometida para sus descendientes. 
Aquí de nuevo está la promesa de la tierra. El discurso profético a los israelitas también comenzaba con Yo soy YHWH (Jehová [Yahweh]). El lenguaje de la libertad del «yugo» es el lenguaje idiomático de la libertad de la servidumbre (Levítico 26:13Deuteronomio 28:481 Reyes 12: 4). 
La referencia a «un brazo extendido» y «con juicios grandes» en ese mismo versículo, señala las próximas plagas que obligarían al faraón a hacer lo que, de otro modo, nunca hubiera hecho y serviría como un «juicio» contra Egipto. 
Egipto injustamente había oprimido a los israelitas: ellos nunca fueron una amenaza, nunca se habían aliado con los enemigos asiáticos para tratar de apoderarse de Egipto y, por lo tanto, fueron injustamente puestos en servidumbre. En consecuencia, Dios no solo rescataría a Su pueblo de los egipcios, sino que también castigaría a los egipcios.
Sin embargo, la prueba no había terminado. Cuando Moisés intentó asegurarles a los hijos de Israel que Dios los liberaría, «ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre». Una vez más Dios estaba permitiendo que Moisés sintiera el dolor emocional en su área más vulnerable, con el propósito de prepararlo para enfrentar una mayor y más obstinada resistencia, por parte de faraón y de los hijos de Israel.

Recordemos cómo Jesús lidió con Pedro, a fin de prepararlo para el liderazgo. Después de haber negado tres veces al Señor y llorar amargamente por su fracaso, el Señor con susceptibilidad, pero de manera directa lo enfrentó con esa debilidad. Tres veces le preguntó a Pedro si lo amaba (y usó la palabra ágape) más que los otros apóstoles (Juan 21:15-17). Después de todo, Pedro osadamente le había dicho a todos aquellos hombres que él nunca abandonaría al Señor, incluso si ellos lo abandonaban (Mateo 26:33-35). Jesús se concentró en el orgullo y la humillación de Pedro.

En ocasiones Dios puede probarnos, específicamente en las áreas en las que experimentamos fallos psicológicos y espirituales, así como dolor emocional. Tanto Moisés como Pedro pasaron la prueba y se convirtieron en lideres dinámicos.

PARA REFLEXIONAR:

¿Cómo podemos reconocer las pruebas diseñadas por Dios para ayudarnos a crecer y madurar en nuestra experiencia cristiana, de las crisis inevitables y los desastres naturales que pueden dejarnos más débiles y hasta más indefensos?

APOLOGÉTICA:  

Los hallazgos arqueológicos han revelado que los ladrillos que se usaban corrientemente en Egipto en la época del Antiguo Testamento eran hechos con paja. Esta prueba arqueológica le da una mayor credibilidad a este relato bíblico.

REFLEXIÓN INDIVIDUAL:  
 ¿Qué pruebas has tenido que enfrentar que te han fortalecido?
¿Cómo pudieras saber cuándo enfrentas una crisis natural?
¿Cómo pudieras saber cuándo enfrentas una prueba para fortalecerte?
¿Cómo te preparas en ambos casos?
¿Qué te puede ayudar a enfrentar y sobrepasar esa prueba?
¿Alguna vez has pensado que tal vez Dios haya sido injusto contigo?
¿Cómo era tu relación con Dios antes de enfrentar esa prueba?
Mirando atrás en tu vida, ¿recuerdas alguna experiencia dolorosa que dejó huellas en tu alma?
¿Cómo esa experiencia dolorosa te ha ayudado en tu vida posterior?
¿Ves a la mano de Dios obrando en esa experiencia?
¿Cómo te ayuda hoy en tu madurez y crecimiento espiritual?
         

miércoles, 11 de abril de 2018

ESTUDIO SOBRE ÉXODO (8)

Publicado originalmente en FB Brentwood Baptist Hispanic Ministry Group

En nuestras vidas vamos a sufrir y enfrentar experiencias difíciles e indeseables. Esa es parte de nuestra vida. Jesús se lo advirtió a Sus discípulos cuando les dijo que «en el mundo tendréis aflicción». Así, sin paños tibios, para que nadie se llame a engaño. Y algunas de estas experiencias podrán dejar cicatrices difíciles de borrar de nuestras mentes y corazones. Pero luego Jesús les dijo que confiaran en Él, porque Él había vencido al mundo.
  Hace casi 50 años fui llamado a la oficina de un «jefe» para recibir la noticia de que no tenía más empleo. Tenía una esposa y dos hijos pequeños para los cuales tenía que proveer, pero el hecho de que yo fuera cristiano era más importante para aquella gente que lo que pudiera sufrir mi familia o la calidad del trabajo que yo realizaba, y ellos habían decidido castigarme. En ese entonces no existían empleos privados en aquel país, por lo que había que aceptar el empleo que quisieran ofrecerle a uno, cuando enfrentaba una situación como aquella.
 Pasó algún tiempo y fui llamado de nuevo, esta vez para ser «ubicado» en un nuevo puesto de trabajo. En esta ocasión el «jefe» que me entrevistó me informó que debido a que yo había estudiado ingeniería civil me habían ubicado en la Dirección de Construcciones.
 El primer día de trabajo descubrí que mi labor sería ¡cargar ladrillos! Así pasé de ser Director de Divulgación de la Comisión Nacional de Transito, a «ayudante de albañil».
 Aquella experiencia fue tan traumatizante que a pesar de haber durado poco tiempo y de haber transcurrido muchos años, la recuerdo tan vívidamente como si hubiera ocurrido ayer. Por mucho tiempo me cambió de muchas maneras, hasta que finalmente, Dios comenzó a sanar mis heridas, después de que yo atravesé un verdadero desierto.  
     
  PENSAMIENTO INICIAL:
   
Cuando hayamos experimentado un trauma inusual, debemos confiar en Dios para que nos ayude a experimentar la sanidad emocional y espiritual.

 Éxodo 3:13-4:12. SANANDO LAS CICATRICES EMOCIONALES

Éxodo 3:13 - 4:12 (RVR)
13Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿Qué les responderé? 14Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. 15Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. 16Vé, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto; 17y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. 18Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios. 19Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. 20Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. 21Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; 22sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huésped alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.
4:1-12 1 Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. 2Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. 3El le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. 4Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. 5Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 6Le dijo además Jehová: Mete ahora tu mano en tu seno. Y él metió la mano en su seno; y cuando la sacó, he aquí que su mano estaba leprosa como la nieve. 7Y dijo: Vuelve a meter tu mano en tu seno. Y él volvió a meter su mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno, he aquí que se había vuelto como la otra carne. 8Si aconteciere que no te creyeren ni obedecieren a la voz de la primera señal, creerán a la voz de la postrera. 9Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra. 10Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. 11Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? 12Ahora, pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar.

ANALIZANDO EL PASAJE BÍBLICO:
  Al ver Moisés la forma en la que un capataz egipcio estaba maltratando a un hebreo, su sangre ardió de cólera. Y la rabia es una mala consejera, por lo que al Moisés dar rienda suelta a sus sentimientos, mató al capataz egipcio. Moisés estaba siguiendo sus instintos, justos o injustos, esa no es la cuestión. El asunto es que Dios no le dijo que hiciera tal cosa. ¿Y por qué saco a relucir esto? Porque algunas personas piensan que Moisés siempre actuó guiado por Dios, pero NO en este caso.

  Las consecuencias no demoraron mucho en aparecer en la escena. Faraón supo que Moisés había sido el autor del crimen y mandó a matar a Moisés. Entonces Moisés temiendo por su seguridad, se escapó a Madián.

Ahora Moisés se sentía tan inferior, incapaz e inútil que él estaba convencido de que era totalmente incapaz de poder realizar esa gran tarea que Dios le estaba encomendando. En cierto sentido, el rechazo del que fue objeto por parte de los hebreos después que él matara al capataz, probablemente seguía atormentándolo.

El diálogo entre Dios y Moisés no tiene desperdicios. Si observamos bien, podemos notar sin gran esfuerzo la enorme magnitud del temor que tenía Moisés, y la gran falta de competencia que sentía que él tenía. Dios comprendió la lucha interna que Moisés estaba teniendo. Esta fue la razón principal por la que Él le habló desde un escenario milagroso. Dios le estaba mostrando a Moisés que Él era el Dios Todopoderoso y que de ninguna manera Él le estaba pidiendo que llevara adelante esta tarea, para que la realizara contando con sus propias fuerzas.

Las cuatro excusas que usó Moisés, me parece que reflejan el impacto traumático que ejerció sobre él, la dolorosa experiencia que sufrió cuando faraón trató de tomar su vida. Antes de esa terrible experiencia él era poderoso en sus palabras y acciones, dice en Hechos 7:22 «Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras». Pero ahora, después de pasar 40 años en el desierto, él apenas podía hablar y era intensamente temeroso. Timoteo tenía algunas de las mismas debilidades. Al parecer, era de una naturaleza muy sensible, y cuando vio que Pablo era apedreado en su ciudad natal en Lystra, esto al parecer produjo un miedo crónico en él. Dice en Hechos 14:19 «Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto». No eran ideas, era un hecho y el joven Timoteo tuvo esta experiencia traumatizante, agravada aún más por el hecho de que el apedreado era nada más ni nada menos que su mentor.
Sin embargo, el apóstol Pablo cuando estaba próximo a experimentar el martirio, en su carta final a Timoteo, escribe estas palabras que se aplicaban a Timoteo y se aplican a todos nosotros independientemente de nuestras circunstancias. 2 Timoteo 1:7-8 (RVR) «7Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.8Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios».

He tratado de preparar las dos perspectivas del asunto: La de Moisés y la de Dios para ayudarles a comprender mejor este asunto:

LA DUDA DE MOISÉS:
1.       ¿Quién soy yo? «Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?» Éxodo 3:11                                                                             

LA RESPUESTA DE DIOS:
¡Yo estaré contigo! «Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte». Éxodo 3:12

LA DUDA DE MOISÉS:
2.       ¿Qué les responderé? «Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?» Éxodo 3:13

LA RESPUESTA DE DIOS:
¡YO SOY me envió a vosotros! «Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros». Éxodo 3:14

LA DUDA DE MOISÉS:
3.      ¿Y si no me creen? «Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová». Éxodo 4:1

LA RESPUESTA DE DIOS:
¡Dios le dio señales a Moisés! «Entonces Dios le di, a Moisés tres señales milagrosas que pudiera realizar para convencer a los escépticos: La vara que se convirtió en serpiente. La mano que se le llenó de lepra. Y transformar agua en sangre». Éxodo 4:2-9

 LA DUDA DE MOISÉS:
4.       Soy tardo para hablar y mi lengua es torpe. «Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua». Éxodo 4:10

LA RESPUESTA DE DIOS
Yo te ayudaré a hablar y te diré lo que tienes que decir.  «Ahora, pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar». Éxodo 4:12

PARA REFLEXIONAR:
¿Qué podemos hacer para sobreponernos a los efectos de las experiencias traumáticas que nos impiden pensar y actuar responsablemente?

REFLEXIÓN INDIVIDUAL:
¿Recuerdas alguna vez haber sufrido un trauma?
¿Qué motivó el problema?
¿Qué consecuencias te produjo?
¿Cómo saliste del asunto?
¿Qué cosas se afectaron?
¿Cómo crees que se habrían resuelto las cosas, si le hubieras entregado por entero el problema a Dios?
¿Qué pasa cuando tratamos de ayudar a Dios a resolver las cosas?
¿Cuál es el límite pata Dios?

            

miércoles, 4 de abril de 2018

ESTUDIO SOBRE ÉXODO (7)

Publicado originalmente en FB Brentwood Baptist Hispanic Ministry Group

Tal vez tu hayas tenido algunas experiencias similares. En verdad me hacen sentir muy frustrado este tipo de situaciones que son muy frecuentes. Alguna persona nos pide que oremos por ella pues se encuentra enfrentando dificultades en el trabajo, o porque está aspirando a un nuevo empleo, o porque está a punto de perder el trabajo, o por quién sabe qué. Y la lista se hace interminable. Ese es el motivo de oración que tienen y por supuesto se trata de una gran prioridad para esa persona. Comenzamos a orar sin cesar, y un día, sin que alguien lo esperara, Dios responde a esas oraciones de una manera inesperada y más abundantemente de lo que pudiéramos esperar.
De repente todo cambia y una alegría sin límites nos llena a todos al ver la mano poderosa de Dios actuando a favor de Sus hijos. Pasa el tiempo y un día, escuchamos de los labios de la persona que estaba enfrentando la situación difícil, una historia completamente desconocida, en la que esa persona, debido a sus méritos laborales, preparación profesional y experiencia, había logrado el cambio que tanto necesitaba. ¿Y Dios dónde está? Esa es una buena pregunta: ¡No aparece en la nueva historia! 

PENSAMIENTO INICIAL:
          
Debemos usar las habilidades y los dones que Dios nos ha dado diligentemente, pero debemos siempre de depender de Dios y de Su fortaleza divina.

Éxodo 3:1-12. SIRVIENDO CON LA FORTALEZA QUE DA DIOS

Éxodo 3:1-12 (RVR)
1Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. 7Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias,
8y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel, a los lugares del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo. 9El clamor, pues, de los hijos de Israel ha venido delante de mí, y también he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. 10Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. 11Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? 12Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte.

ANALIZANDO EL PASAJE BÍBLICO:
A pesar de que Moisés había sido educado en toda la sabiduría de los egipcios [Hechos 7:22 dice: Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras], estos talentos dados por Dios no lo calificaban para la gigantesca responsabilidad que tendría que enfrentar. La obra de Dios tiene que ser hecha, a la manera de Dios y en el tiempo de Dios. Le iba a tomar otros 40 años a Moisés para aprender esta lección.

También el apóstol Pablo tuvo que aprender una lección similar. También él era un académico brillante [Filipenses 3:5 dice: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo;]. Él conocía la ley del Antiguo Testamento a la perfección, y la guardaba lo mejor que sus habilidades le permitían, pero observa lo que este apóstol escribió en 1 Corintios 2:1-5 1Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este crucificado. 3Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, 5para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Pienso que este es un gran ejemplo para todos nosotros, sin tener en cuenta la responsabilidad que podamos tener en el Cuerpo de Cristo. Sin lugar a dudas Dios quiere que usemos todos nuestros dones espirituales y los talentos y habilidades que Él nos ha dado y que hemos ido desarrollando durante las experiencias que hemos vivido. Pero no confundamos las cosas. Está claro en la Escritura que el plan de Dios es que nosotros obremos basados y confiando en Su fortaleza y no en nuestra “inteligencia” y con el poder de Su Espíritu Santo no con el nuestro.

El presente pasaje es uno de los muchos ejemplos en la Biblia de la representación de Dios en una teofanía de fuego. Claro está que no todos los incendios indicaban la presencia de Dios. En este caso en particular, inicialmente Moisés no pensó que ese fuera el origen del fuego que hacía arder al arbusto sin consumirse.
Pienso que ese fue el método que usó Dios para llamar la atención de Moisés, y funcionó, como por supuesto Él sabía que lo haría. Entonces Dios comenzó a revelarse a Sí mismo desde dentro del fuego (teofanía) dirigiéndose a Moisés.

Siempre me ha llamado la atención que, en esta, que fue la primera vez que Dios se dirigió a Moisés lo hizo usando una forma que puede llamarse una repetición de cariño: “¡Moisés, Moisés!” En la antigua cultura semítica, dirigirse a alguien repitiendo dos veces su nombre era una forma de expresar cariño, afecto y amistad.  

De manera que Moisés pudo haber comprendido inmediatamente que alguien que lo apreciaba mucho lo estaba llamando. La respuesta de Moisés, hinnēnî ("aquí estoy"), no tiene un significado especial ni implica una disposición particular para hacer algo. Era simplemente la forma que se usaba en hebreo para responder "sí" cuando uno era llamado por alguien. Con tristeza he escuchado a algunos predicadores hacer una interpretación errónea de esta expresión. En este momento, la respuesta de Moisés no implica una disposición para hacer algo, hecho que se demuestra con lo que sucedió a continuación.

Hay un hecho que quiero resaltar en este pasaje. Me refiero al temor que expresó Moisés. Ese temor de ver a Dios está fundamentalmente basado en una suposición general que era muy común en la antigua cultura del Cercano Oriente. La misma establecía que si una persona mirara a un dios (excepto en la forma de un ídolo, según las nociones paganas del concepto), esa persona podría estar en un gran peligro ya que los dioses y seguramente el único Dios verdadero, protegían su presencia de los seres humanos.

Dos grandes desafíos a la fe de Moisés aparecen aquí implícitamente al final de estos versículos. El primero es un desafío compartido por todos los creyentes: confiar en que Dios siempre ha estado preocupado por su sufrimiento, ya que, en el presente mundo caído, Dios permite el sufrimiento. El hecho de que los israelitas hayan estado sufriendo la opresión durante mucho tiempo sin ser rescatados plantea la pregunta: "Si estás dispuesto a ayudar ahora, ¿por qué no ayudaste antes?"

La Biblia proporciona respuestas claras a esa pregunta, pero los individuos o grupos normalmente no pueden saber por qué su sufrimiento en particular es tan severo o ha durado tanto tiempo, y es que el dolor que le duele a uno, se siente más fuerte que el que afecta a otra persona.

El segundo desafío involucra al pasado de Moisés: ¿cómo podría alguien que intentó y dejó de ayudar a sus hermanos israelitas durante cuarenta años ahora, en sus últimos años, podrá ser el elegido de Dios para convertirse en el libertador de toda la nación?

La situación de los israelitas era muy difícil en su trabajo forzado y se define con cuatro palabras: "miseria ... clamando ... esclavos ... sufrimiento". Y con tres verbos, Dios anunció su compasión: "De hecho he visto ... los he escuchado ... estoy preocupado". El primero de ellos, "realmente he visto" ( rā'ōh rā'îtî ) involucra la construcción absoluta infinitiva hebrea, que tiene el sentido de decir: «he observado cuidadosamente»  o  «le he prestado mucha atención», indicando así la intensidad del interés de Dios en la miseria de Su pueblo. Nótese también que Dios llamó a Israel "Mi pueblo", haciéndose eco, y sustituyendo más la referencia de Moisés a "su propio pueblo".


La «protesta» de Moisés en el versículo 11, se ajusta al patrón habitual. En estos casos: ser llamado por Dios para realizar una tarea. Moisés expresó respetuosamente su humildad, al recibir una encomienda tan importante. 

La pregunta de Moisés, «¿quién soy yo?» es solo eso: una pregunta, y no una expresión de falta de confianza en uno mismo. En este punto, él no estaba tratando de evadir la tarea que Dios lo estaba llamando a realizar, sino que estaba siendo cortés, según los dictados de su cultura. 
La expresión exacta es: «Quién soy yo»mî'ānōḳî ) y aparece en otras dos ocasiones en el Antiguo Testamento, y en cada caso se usa como parte de la aceptación cortés de un honor, y no como un intento de rechazar algo. 

Según la redacción de su respuesta, está claro que Moisés entendió la naturaleza de su misión

PARA REFLEXIONAR:
¿Cómo podemos usar nuestra inteligencia, capacidad física y habilidades en su máxima expresión, y a la vez depender por completo de la dirección y la fortaleza de Dios?

REFLEXIÓN INDIVIDUAL:
  ¿Cuándo fue la última vez que te llamaron para confiarte una tarea de mucha confianza?
¿Había otras personas que hubieran podido hacer la tarea?
¿Qué sentiste?
¿Por qué crees que te eligieron a ti?
¿Qué plan pusiste en práctica para realizar la tarea?
¿Con que elementos contabas para realizar la tarea?
¿Cómo terminó el asunto?
¿Qué papel jugó Dios en todo eso?